“Una organización maravillosa”

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puedes (y en el momento en que puedas), ayúdanos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

Valery recuperó la esperanza por su hijo Andrews una vez que contactó a Operación Sonrisa Perú. Fotografía: Margherita Mirabella.

Era una gran fiesta. Valery y su hijo Andrews recibían la alegría de sus familiares y vecinos que se habían acercado a ver la nueva sonrisa del pequeño. El recuerdo de los meses de angustia quedaba cada vez más lejos. 

Pero fue duro. Valery se enteró de que Andrews nacería con hendidura facial cuando asistió al ultrasonido de los cinco meses de embarazo. Su pareja ya no era parte de su vida y la atrapó la depresión.

De a poco recobró fuerzas para comenzar a investigar sobre la condición de hendidura facial. Recurrió a internet para conocer más y qué posibilidades tenía de encontrar asistencia en Perú.

Lo que vio en internet la dejó muy preocupada por su hijo. Poco después contactó a un psicólogo que le explicó que Andrews no sería un bebé con “necesidades especiales”, si no que tendría una condición que podía ser reparada con cirugía.

Ya un poco mejor de ánimo siguió investigando hasta que dio con Operación Sonrisa Perú en la página web de su municipalidad. Revisó las publicaciones de la fundación en redes sociales y se sintió impulsada a llamar.

Andrews fue operado de su labio hendido y luego su paladar. Ahora tiene un futuro mejor. Fotografía: Margherita Mirabella.

Obtuvo una cita para una consulta y se sorprendió cuando su hijo recibió una evaluación médica integral.

Es un procedimiento clave de Operation Smile para determinar el estado de salud de los pacientes y luego autorizar o no la cirugía. Si la salud del paciente no es adecuada, pasan a programas de nutrición y asistencia hasta que estén en condiciones de hacer frente a una operación.

La esperanza de Valery aumentó al enterarse de que habría un próximo programa quirúrgico a solamente 20 minutos de su hogar. Encantada con en el tratamiento recibido en la consulta, no veía el momento en que llegara el día indicado.

Unos meses después se despertaron muy temprano para ser de las primeras personas en el primer día del programa quirúrgico. Al arribar se sorprendieron por la cantidad de personas que había llegado antes.

Fue un largo de día de documentación, nuevas evaluaciones médicas y espera, coronado con la felicidad de saber que Andrews había sido agendado para cirugía.

Todo salió bien. Nueve meses después de su cirugía de labio hendido, el niño recibió la operación por el paladar hendido y en cuanto recuperó fuerzas comenzó a asistir a las sesiones de terapia del lenguaje que brinda Operación Sonrisa Perú.

“Esta es una organización maravillosa para las personas que necesitan ayuda y no tienen los recursos para pagar la cirugía. La paciencia que tienen con cada paciente y familia es increíble”, dijo una satisfecha Valery al ver cómo había cambiado la vida de su hijo… y la suya.

Cuarenta años de compromiso

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Los cofundadores de Operation Smile, el Dr. Bill y Kathy Magee, llegan a Naga, Filipinas. Fotografía: Operation Smile. 

A casi cuatro décadas del primer programa quirúrgico de Operation Smile, desarrollado en Filipinas en 1982 por el Dr. Bill Magee y su esposa Kathy, los principios fundacionales de amor y liderazgo no solamente se mantienen como pilares de la organización, si no que se han transferido a las generaciones siguientes.

Para el también doctor Billy Magee, hijo de Kathy y Bill, visitar diversos países durante sus vacaciones o recibir pacientes en el hogar familiar fueron experiencias que compartió con sus hermanos cuando crecía.

Crecer rodeado de tantos actos de amabilidad y generosidad alrededor del mundo tuvo su impacto en Billy, tanto en su comportamiento como médico, como en su actitud como padre.

Luego del viaje inaugural de Billy a Filipinas cuando era adolescente, su padre Bill recordó que su hijo regresó determinado a convertirse en médico, dentista, hacer la residencia de cirugía general y luego pasar a la residencia de cirugía plástica.

“Hablamos de 15 o 17 años de educación luego del secundario”, dijo Bill. “Eso no es algo que uno simplemente dice a su hijo que haga. Creo que, para cualquier padre, si puede colocar a su hijo en situaciones altruistas que tengan un alto impacto emocional, es bueno que lo hagan”.

La familia unida durante un programa quirúrgico. De izquierda a derecha: Bill Magee, Kristi Magee Porcaro, Trevor Magee, Billy Magee, Kathy Magee, Brigette Magee Clifford y Todd Magee. Fotografía: Operation Smile. 

Billy es hoy el director de investigaciones e innovación de Operation Smile. El visitar los programas quirúrgicos tuvo tal impresión en él que apenas pudo llevó a su hijo Liam a uno realizado en Ruanda.

Liam tiene 14 años y vio trabajar a su padre, cómo cambiaba vidas por medio de cirugías seguras y gratuitas; cómo entrenaba a colegas locales y compartía momentos especiales con los pacientes y sus familias.

Cuando vio que muchos pacientes no tenían transporte y caminaban durante horas desde sus hogares hasta la clínica, sugirió armar bolsos con elementos esenciales para poder enfrentar esas caminatas.

Su padre Billy dijo que “el amor y el liderazgo comienzan con actos diarios de amabilidad. Es importante para mí ver a mi hijo ser amable con otros. Como padre, lo aliento”.

Billy Magee junto a su hijo Liam en un programa quirúrgico en Ruanda en 2022. Fotografía: Margherita Mirabella.

Otra hija de los Magee, Brigette, inició un club estudiantil de Operation Smile en su escuela tras regresar de un programa en Filipinas. En la actualidad sigue muy involucrada con los Programas Estudiantiles en calidad de directora de iniciativas estratégicas.

“Lo que realmente cambió la forma en que criamos a nuestros hijos fue la oportunidad que tuvimos de llevar a Brigette con nosotros a Filipinas”, recordó Bill. “Nunca nos imaginamos el impacto que tendría hasta que lo vimos. Una nueva realidad emocional salió a luz, ver personas que vivían de una forma completamente diferente a la que habíamos experimentado”.

Recordar esto hace reflexionar a Bill. “Me hace pensar. ¿Cuál es la responsabilidad como padre con tus hijos y qué dejará el mayor impacto años después? Cuando pienso en las cosas que realmente impactaron a nuestros hijos, fue el regalo que Kathy y yo pudimos darles como padres. Hacer que se involucraran en Operation Smile”.

“Pudimos ver cómo cada uno de esos viajes los afectó a cada uno de nuestros hijos – no hay duda de eso. Cada uno de ellos tiene una historia en sus mentes, y nosotros tenemos la nuestras, sobre cómo Operation Smile cambió sus vidas”.

La rebeldía detrás de una sonrisa

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Todo comenzó con la apertura del expediente de cada paciente previo a la evaluación médica integral. Fotografía: Carlos Rueda.

“Sonriamos, es un acto de rebeldía”, gritaba un muro de Tegucigalpa, Honduras. Ese grafiti, seguramente con alguna connotación política, que apareció al paso del transporte de los voluntarios internacionales de Operation Smile desde el aeropuerto de Palmerola hasta el hotel, cuadraba de alguna forma con lo que fue su trabajo durante una semana de agosto de 2022. 

En este caso el buscar una sonrisa es un acto de rebeldía ante la hendidura facial, ante las dificultades que genera esta condición para millones de niños alrededor del mundo, ante la desnutrición, el aislamiento y el acoso escolar. 

Rebeldía de los familiares de los pacientes, que viajaron desde todos los rincones del país para acudir al programa quirúrgico en el Hospital General San Felipe de la capital hondureña. Llegaron desde Copán, desde Atlántida, desde Intibucá, desde Olancho, con la misma esperanza y sin reparos ante el esfuerzo que implicó el traslado.  

Y rebeldía de los Acompañantes de Pacientes, esos voluntarios que no quieren que prosiga el sufrimiento de los pacientes y sus familias, que donan su tiempo y habilidades para acercarlos a una clínica de Operación Sonrisa Honduras. 

Rebeldía para poder sonreír, para generar nuevas sonrisas en los pacientes. Y si 61 nuevas sonrisas fueron creadas en la sala de operaciones, otras, incontables, reaparecieron en los familiares, que las recuperaron luego de meses de angustia y dolor por más que en muchos casos Operation Smile los acompañó desde los primeros días de vida de su hija, hijo, sobrina o sobrino o pariente. 

Y de eso se trató básicamente el programa quirúrgico en el hospital San Felipe, edifico histórico e icónico de la capital que volvió a albergar el trabajo de Operación Sonrisa Honduras una vez que pasó lo peor de la pandemia de COVID-19.  

Jorge, der,, es un Acompañante de Pacientes. Recorre la zona en la que vive para difundir el trabajo de Operación Sonrisa Honduras y detectar posibles pacientes. Fotografía: Carlos Rueda.

El programa se realizó en homenaje a Gabriel Armijo, otro rebelde que durante 14 años colaboró con la fundación local en su capacidad de biomédico y en su más importante capacidad de transmitir alegría a los pacientes y demás voluntarios. Murió demasiado temprano, a los 44 años; ahora será su ejemplo el que perdure en el tiempo. 

Justamente el tiempo parecía detenerse en el preoperatorio del hospital. Los pacientes y sus familiares esperaron durante horas el turno de la cirugía, impulsados por el gran motor que es la esperanza y la confianza en Operation Smile.  

“Yo lo que quiero es que mi hijo pueda decir Papá correctamente”, dijo Erlin al tiempo que Alex Gabriel jugaba en un área infantil del hospital. Caía la tarde en Tegucigalpa y aumentaba la ansiedad en el preoperatorio. Alex Gabriel estaba agendado para su cirugía gratuita y segura al día siguiente. 

Pero antes de llegar al preoperatorio los pacientes debieron pasar por todo el proceso de documentación y de la evaluación médica integral. 

Ana, izq. intensivista pediátrica de Brasil dialoga con la madre de un paciente. Fotografía: Carlos Rueda.

Sentados bajo una carpa en una agradable mañana de Tegucigalpa, los pacientes con sus madres –en su mayoría siempre están acompañados por sus madres- esperaban a ser llamados para iniciar el proceso.  

Entre decenas de personas estaba Emanuel, de 3 años, inquieto y, por qué no, un poco aburrido de la espera, sin entender mucho de qué se trataba todo.  

Su semblante cambió cuando un voluntario le ayudó a armar un avión de papel con una hoja un poco arrugada que había conseguido quién sabe dónde.  

Ese pequeño avión que se arrugaba con cada caída ‘voló’ junto a Emanuel durante buena parte del proceso de evaluación. Lo acompañó en primer lugar cuando se abrió su expediente, otro papel, o conjunto de papeles, que lo acompañó desde el primer día hasta el último en el programa y luego fue archivado en la clínica para referencia médica. 

Si bien el expediente de Emanuel recorrió todo el proceso, el avión no tuvo la misma suerte. Voló hasta fotografía -donde se toman las imágenes médicas- donde Emanuel vio a la distancia unos globos y su interés cambió radicalmente.  

El avioncito, los globos y demás artículos son parte de una estrategia que utilizan los voluntarios para mantener a los pacientes entretenidos mientras pasan por enfermería, cirugía, terapia del lenguaje, anestesia, odontología y psicología. 

En cada etapa tomaron contacto con especialistas locales e internacionales que les realizaron todo tipo de estudios para decidir si estaban aptos para hacer frente a una cirugía. 

Fue allí donde conocieron por primera vez al personal de enfermería proveniente de Suecia, Estados Unidos y Honduras. Anestesiólogos que llegaron desde Paraguay, Estados Unidos y residentes locales. Cirujanos de Estados Unidos, Paraguay, Ecuador y sus pares hondureños.   

El esfuerzo de todos ese día fue titánico. El transcurrir de las horas, las risas, lo llantos, la angustia, la felicidad, todo hizo mella en las energías de los participantes. Pero entre tanto bullicio y cansancio no se escuchó una sola queja.  

Los familiares volvieron a sonreír en la sala de recuperación. Fotografía: Carlos Rueda.

Los agendados para cirugía llegaron horas o días después a la sala preoperatoria. Allí pudieron albergarse la noche anterior a la intervención y esperar luego hasta que fueron llamados en pequeños grupos hacia la sala de operaciones.  

Los esperaban tres mesas con otros tantos cirujanos. Antes de llegar al quirófano visitaron la sala denominada “Child Life”, donde por medio de juegos y otras terapias se intenta mostrarle al paciente lo que le espera en la operación. Así, una máscara de anestesia se transforma en un inesperado juguete. La idea es que nada los sorprenda al entrar a una de por sí poco acogedora sala esterilizada poblada de instrumentos y personas con largas batas. 

Una escena conmovedora se produjo horas antes en el preoperatorio cuando las madres, padres o familiares acicalaron a los pequeños antes de la cirugía. Un hombre, con la vida de un campesino marcada en su rostro, que viajó durante horas con un sobrino para que fuera finalmente operado, se tomó todo el tiempo del mundo para colocarle la bata correspondiente y sobre todo para peinarlo. Mojó su cabello y luego pasó el peine en innumerables oportunidades hasta que consideró que el pelo estaba en su lugar correcto.  

Una escena cotidiana en cualquier otro contexto se transformó en la demostración de amor más poderosa que se puede brindar.  

“Mamá quiero comida”, se escuchó desde una de las camas. Un pedido reiterado durante las necesarias horas de ayuno previo a la cirugía. Difícil explicar eso a un bebé que apenas habla o a un niño cansado de jugar un buen rato en un columpio. Otra vez, debió aflorar la rebeldía y la esperanza para sostener la situación.  

 Fotografía: Carlos Rueda.

Y como si fuera poco, los familiares tienen que separarse de sus pequeños antes de ingresar al quirófano. El acto de fe más grande que puede recibir una organización como Operation Smile.  

Esperaron en los pasillos del hospital San Felipe hasta que fueron llamados a la sala de recuperación. Allí vieron por primera vez a sus seres queridos con su nueva sonrisa y más amplia fue la de ellos al constatarlo.  

Erlin, el padre que esperaba por su hijo Alex Gabriel, ingresó a la sala de recuperación y luego fue llevado en silla de ruedas con su hijo en brazos hasta la sala de posoperatorio.  

Era otro universo respecto al preoperatorio. Un oasis de tranquilidad, un espacio para que familiares y pacientes agotados pudieran descansar luego de una larga jornada marcada por la ansiedad y los nervios.  

Allí pasaron la primera noche del resto de sus vidas. Erlin se fue al albergue que provee Operación Sonrisa Honduras a descansar y la madre de Alex Gabriel se quedó con él en el hospital.  

Erlin, cansado, seguramente no soñó nada, y si lo hizo debe haber sido algo nuevo, porque el sueño de que su hijo le diga ‘Papá’ correctamente se cumpliría en breve.  

Si puedes (y en el momento en que puedas), ayúdanos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza.  

La noche en sus manos

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De izq. a der.: Gladys, Adriana y Claudia poco después de finalizar un turno nocturno en el Hospital General San Felipe de Tegucigalpa, Honduras, en agosto de 2022. Fotografía: Carlos Rueda.

La compleja logística de reciente un programa quirúrgico internacional de Operación Sonrisa Honduras reca por las noches en tres enfermeras y un enfermero, que pusieron su juventud y pasión al servicio de los pacientes. 

Claudia, Josué, Adriana y Gladys caminaban a paso lento pero seguro por los abiertos y oscuros pasillos del Hospital San Felipe. Salvo algún foco ocasional, la única luminosidad provenía del piso damero, característica de sus amplias galerías ventiladas, con cielorraso y columnas pintadas color crema, y marrón en su base. La oscuridad apenas dejaba entrever los árboles que pueblan cada patio. 

Había caído una noche agradable en Tegucigalpa, Honduras, y los cuatro jóvenes enfermeros se disponían a iniciar el primer turno nocturno previo a las cirugías.  

Claudia Padilla, una enfermera voluntaria local estimó junto a sus colegas que se esperaba una noche más tranquila. Según explicó, al no haber posoperatorio todavía, los cuatro pasarían su primera noche en la sala preoperatoria. 

Dicha sala, de paredes rematadas en violeta con motivos infantiles en donde se destacaba una imagen de “El principito” de Antoine de Saint-Exupery, era un amplio salón con 12 camas y cunas.  

También funcionó como albergue para los pacientes que serían operados por los voluntarios de Operation Smile. Allí pasaron la noche anterior a la cirugía. Y en cada noche, durante una semana, allí estuvieron en algún momento Claudia, Josué, Adriana y Gladys.   

El programa internacional evaluó a 114 pacientes y ofreció 61 cirugías. Fotografía: Carlos Rueda.

De hecho, su primer turno en el programa quirúrgico de Operación Sonrisa Honduras había comenzado un poco antes, en las reuniones por especialidad que se realizaron en un hotel cercano.  

Allí los cuatro coordinaron diversos aspectos de su trabajo y la comunicación con los demás equipos. Un programa quirúrgico de Operation Smile es en realidad una compleja suma de engranajes, que deben estar aceitados y en sintonía cuando llegan las jornadas de cirugía.  

También revisaron sus equipos. Claudia no dejó detalle al azar. Trajo consigo incluso una serie de lápices y lapiceros, que, como no podía ser de otra forma, guardaba dentro de un gorro de enfermera.  

Los lapiceros eran importantes para la mexicana Adriana Porraz. Inmersa en la enfermería desde hace 12 años, lleva poco más de uno con Operation Smile. Y estaba tan preocupada por tener los documentos en orden como que todos sean rellenados en un mismo color, de preferencia el azul o el negro. 

Josué Hernández estuvo de acuerdo. De ademán serio, este enfermero profesional hondureño que iba por su tercer programa con Operation Smile, se aseguró de traer su té. Salvo el verde, cualquier tipo de hoja es de su agrado.  

Tanto Claudia, Adriana y Josué acordaron un régimen de alimentación similar. Comer no es algo fácil de hacer cuando se está de turno en un hospital, en particular si se trata de una noche agitada. Optaron por hacerlo antes y después de su jornada de trabajo.  

La que marcó la diferencia fue Gladys Boltron, californiana de ascendencia filipina, que comenzó a colaborar con Operation Smile hace cinco años, en un programa quirúrgico en Jordania. Ella prefirió que le llevaran la cena durante su turno. 

Josué cumplió su tercer programa quirúrgico con Operación Sonrisa Honduras. Fotografía: Operation Smile.

Luego de recorrer los pasillos del hospital, que a esa hora eran transitados únicamente por gatos, y ya en la sala preoperatoria, los cuatro comenzaron a realizar sus tareas. Fueron horas de tomar signos vitales a los pacientes, distribuir mantas o indicar a los familiares las medidas de ayuno necesarias antes de toda cirugía. 

Adriana, que en México trabaja en sala de emergencias, una función que disfruta y le ha permitido ver de todo como ella asegura, no ocultó su emoción al iniciar su trabajo en la sala. Saber que un paciente verá su vida transformada es todo para ella.   

Para Josué no hay discusión posible. El trabajo de Operation Smile, y en este caso de Operación Sonrisa Honduras, dejará cambios permanentes en los niños, jóvenes y adultos que se operaron, en beneficio de cada uno de ellos. 

En algún momento de calma aprovecharon para beber algo o descansar en una camilla que parecía ser del mismo año de inauguración del hospital general en la nueva localidad, 1926, cuando adoptó el nombre de San Felipe. 

Avanzaba la noche y los pacientes, los más pequeños, comenzaban a caer dormidos. Sus madres y padres los arropaban, los abrazaban, aprovechaban para darse un respiro. Todo transcurría en calma y tranquilidad. Ideal para Josué y Claudia, que después de una noche a la orden les esperaban ocho horas de trabajo adicional en otras clínicas.  

El personal de la noche fue relevado por el diurno en el inicio de cada día de cirugías. Fotografía: Carlos Rueda.

A medida que el sol comenzaba a elevarse sobre las colinas que rodean Tegucigalpa también crecía la ansiedad en la sala preoperatoria. No se necesitó mucho para que la atmósfera de tranquilidad y paz de la noche dejara lugar a la ansiedad.  

El ambiente se volvió eléctrico. Un hervidero de preparativos; el ingreso del personal de enfermería del día; de los especialistas; de los proveedores. La anticipación y los nervios, que llegan a su apogeo cuando un niño ingresa al quirófano y desembocan en el oasis de la sala posoperatoria, ya se hacían sentir. 

En la noche siguiente fue en esa sala posoperatoria donde los pacientes descansaron junto a Gladys y Josué. El equipo se dividió, Adriana y Claudia permanecieron en la sala de preoperatorio. Fueron alternándose entre salas durante el resto de la semana.  

Entrada la mañana de la primera jornada de cirugías los cuatro entregaron la documentación a sus colegas del día y partieron rumbo a sus trabajos o al hotel, con un mismo deseo: dormir. 

El cambio

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Axel fue apoyado por Operación Sonrisa Paraguay desde los cuatro días de nacido. Foto: Carlos Rueda.

“Cambiaste a nuestro hermano por otro bebé”, le decían sus hijos mayores a Cyntia, incrédulos ante la nueva sonrisa de Axel, su hermano menor. 

Axel fue operado por Operación Sonrisa Paraguay a los siete meses y no era consciente todavía de que tenía un futuro más brillante gracias al esfuerzo de sus padres. No lo habían cambiado a él, habían cambiado su vida.

Pero no había sido fácil para Cyntia y su esposo Arturo.

El embarazo inesperado, ya tenían otros tres hijos, se transformó rápidamente en preocupación cuando los médicos les advirtieron que era una gestación de riesgo por diversos motivos.

Debido a ello Cyntia debió realizarse ultrasonidos con mucha frecuencia para seguir de cerca su salud y la del bebé en camino.

Un voluntario médico realiza una cirugía en Paraguay. Foto: Tyler Barrick.

Alrededor de los siete meses de embarazo surgieron dudas sobre si su bebé seguía con vida y le fue realizado otro ultrasonido.

Los médicos le confirmaron que el corazón latía, aunque habían detectado una condición de hendidura facial. Poco le importó a Cyntia, ¡su bebé seguía con vida!

Poco antes del parto un pediatra le informó sobre el trabajo de Operación Sonrisa Paraguay y a los cuatro días de nacido sus padres ya lo habían llevado a la clínica. Allí recibieron consejos sobre nutrición y le fue colocada una placa de alimentación.

La nutrición es un programa clave de Operation Smile. La condición de hendidura facial impide muchas veces que un bebé pueda ser amamantado o alimentado, con el riesgo de la desnutrición e incluso la muerte.

También es necesario que el bebé se desarrolle con normalidad para poder hacer frente a la cirugía gratuita que es posible gracias a tu generoso apoyo. En tan solo 45 minutos se puede cambiar la vida de un niño como Axel.

Axel junto a su madre Cyntia. Foto: Carlos Rueda.

Los hermanos mayores, otros familiares y vecinos se unieron en apoyo de Cyntia, Arturo y Axel.

Cuando llegó el momento de acudir a un programa quirúrgico de Operación Sonrisa Paraguay Cyntia y Arturo no podían ocultar su ansiedad.

Todo su esfuerzo rindió sus frutos cuando Axel superó sin problemas su evaluación médica integral, procedimiento por el cual los voluntarios médicos de Operation Smile determinan si un bebé está apto para una cirugía.

Axel regresó a casa con una nueva sonrisa y es ahora un niño feliz que disfruta de sus hermanos y sus amigos.

El impacto a largo plazo

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Heidy espera junto a su hija Leyda el llamado a la sala de operaciones. Foto: Lorenzo Monacelli.

Con su primera experiencia en Escuintla, Guatemala, el Programa Champion de Operation Smile reunió a voluntarios experimentados para colaborar y entrenar a colegas locales.

Si bien hay miles de personas en Guatemala que viven con hendidura facial no tratada, también hay un total de 5 millones de personas que necesitan cuidados de labio y/o paladar hendidos en todo el mundo.

La mayoría de estas personas enfrentan barreras insuperables para acceder a la atención médica que necesitan.

Con médicos mejor capacitados, los sistemas locales de atención médica estarán mejor equipados para atender a más personas en más lugares.

Por ejemplo a Heidy y Leyda. 

Heidy viajó cinco veces a un programa quirúrgico en Guatemala. Cinco veces, ella y su hija Leyda regresaron a casa con el dolor de ver a otras familias experimentar la alegría de una nueva sonrisa.

La pediatra voluntaria Alma Castañeda en plena tarea durante el programa desarrollado en Escuintla, Guatemala. Foto: Lorenzo Monacelli.

Durante el reciente Programa Champion, 12 pacientes fueron evaluados por anestesistas, nutricionistas, enfermeras y pediatras como la doctora Alma Castañeda.

Alma ha asistido a aproximadamente 20 programas quirúrgicos de Operation Smile, pero realizar una cirugía que cambia una vida no fue el único motivo para los hombres y mujeres que ofrecieron su experiencia durante el programa.

“En el sistema de salud guatemalteco las brechas más marcadas son la pobreza, el poco acceso a la salud de las personas que viven lejos, el desconocimiento de los sistemas de salud, el miedo”, explicó Alma. “Mi deseo de ser parte del programa quirúrgico [Champion] es poder capacitar a otros y capacitarme a mí misma para poder enseñar y transmitir información a otros voluntarios”.

Al priorizar el intercambio educativo y las oportunidades de tutoría sobre el volumen de cirugías, el Programa Champion se centró en gran medida en la creación de capacidades, el establecimiento de posibles asociaciones con hospitales y el aumento de los profesionales médicos capacitados para servir.

“En la mayoría de los casos, es la diferencia entre un paciente que puede prosperar sin cirugía ortognática y otros que la requerirán, si es que pueden obtenerla”, dijo la dentista Mónica De León. “Para mí, ser parte del Programa Champion significa canalizar ese deseo de ayudar a la población con labio y paladar hendido. La pasión por enseñar y aprender se debe a que abren nuevos mundos y nuevas ideas, y se puede brindar una atención eficiente y eficaz en beneficio del paciente”.

La odontóloga voluntaria guatemalteca Mónica De León (der.) entrena a su colega Eugenia Azmitia, también de Guatemala, en la creación de placas de alimentación. Foto: Lorenzo Monacelli.

Cada mesa de operaciones también sirvió como instrumento de capacitación.

Se emparejaron mentores experimentados con colegas locales que procedían de hospitales asociados de toda Guatemala, incluidos Petén, Escuintla y Ciudad de Guatemala.

Estas oportunidades de tutoría no solo despertaron el interés de los futuros voluntarios y reforzaron sus habilidades, sino que alentaron a los médicos locales a establecer conexiones entre instituciones académicas en el país y Operation Smile.

La anestesista Silvia Ramos de Guatemala supervisó el entrenamiento de sus colegas Luis Nieves y María Alejandra Levia durante toda la semana.

“Qué mayor orgullo que poder enseñar a mis alumnos. Son personas que entrené en el hospital donde trabajo. Es poder tener la oportunidad de interactuar con personas que tienen el mismo objetivo, la misma visión”, dijo.

“Puedo entrenar a otras personas. Pueden servir a nuestro país, pueden servir a la comunidad con amor, con pasión”.

Leyda en brazos de su madre luego de recibir la tan esperada cirugía. Foto: Lorenzo Monacelli.

Hay una escasez de profesionales de la salud debidamente capacitados en la mayoría de los países de ingresos bajos y promedio. En particular, la falta de cirujanos plásticos acreditados en países como Ruanda o Guatemala genera brechas en la atención al paciente y la capacidad local.

Esto no solo supone una carga para el sistema de salud, sino que también crea grandes retrasos en la atención de los pacientes, lo que obliga a las personas a esperar meses o incluso años para recibir servicios y tratamientos básicos de salud.

El Programa Champion busca aliviar ese sufrimiento al facilitar oportunidades de capacitación que aumentarán la cantidad de profesionales de la salud locales entrenados para atender las necesidades de su país.

“Para mí, el Programa Champion significa una oportunidad de donar mi trabajo a personas que lo necesitan, aprender de personas que tienen amplia experiencia, aprender las técnicas y dar alegría a las personas”, dijo la doctora Lucrecia Matías de Guatemala.

Leyda fue la última paciente en recibir cirugía, pero no será la última en beneficiarse de los impactos a largo plazo del Programa Champion.

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Un compromiso repetido

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La abuela Rosalina se hijo cargo de Ariana. Foto: Marc Ascher.

Rosalina ahorró durante ocho años para poder operar a su hija nacida con labio hendido. Y ahora su nieta tenía la misma condición.

“¿Te imaginas si yo te hubiera abandonado al nacer?”, reclamó Rosalina a su hija Lidia cuando la joven de 29 años le anunció que no se sentía preparada para cuidar a la bebé Ariana, nacida con labio hendido, y que se iría.

El padre de Ariana tampoco estaba en su vida así que todo recayó en la abuela, que, gracias a lo ocurrido con su hija, sabía a lo que se enfrentaba.

De a poco comenzó a ahorrar como podía para, algún día, tan incierto como lejano, poder operar a su nieta Ariana.

Pero fue diferente esta vez.

Una conocida de la fundación Arte y Manos Oaxaqueñas (AMO) le comentó sobre el trabajo de Operación Sonrisa México y de sus cirugías y tratamiento integral para la hendidura facial. Y que todo era gratuito.

Ariana tiene un futuro brillante. Foto: Jasmin Shah.

Para Rosalina fue un cambio fundamental en la perspectiva de vida de su nieta Ariana. Ya no tendría que esperar ocho años por una cirugía.

Pocas semanas más tarde abuela y nieta se embarcaron en un autobús que proveyó AMO para viajar a Puebla y asistir a un programa quirúrgico de Operación Sonrisa México.

Ariana superó sin problemas la evaluación médica integral que realiza el personal médico voluntario para determinar si un paciente está saludable para hacer frente a una operación.

Finalmente llegó el día de la cirugía y poco después Ariana llegó a brazos de su abuela con su labio reparado y una nueva sonrisa.

La felicidad de Rosalina era completa, su esfuerzo y compromiso se vieron reforzados y sustentados por el trabajo que realiza Operation Smile, a su vez respaldada por el apoyo de generosos donantes como tú.

Aunque la madre de Ariana no ha regresado a su vida, su abuela tiene la tranquilidad de que sus otros hijos se harán cargo de ella en el futuro.

Tu generoso apoyo cambia la vida de los niños. Foto: Jasmin Shah.

El antes, el después

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Mira la historia de Luciana hasta su primera cirugía. El video fue realizado en español con subtítulos en inglés.

Sentada en un sofá de su hogar en Bogotá, Colombia, Nury recordó el momento en que nació su hija Luciana. 

“Ella nació un viernes por la mañana, y la enfermera la colocó de inmediato sobre mi pecho, bien arriba, para que no le viera la cara”, explicó.

Sabía que Luciana nacería con labio y paladar hendido gracias a un ultrasonido realizado a los siete meses de embarazo, pero se rehusaba a aceptar la condición de su hija.

“Ahora sé, gracias a Operation Smile, que eso es algo bastante común. Pero entonces, simplemente no podía creer que le ocurriría a mi hija”, dijo Nury.

La pequeña Luciana, en pleno baño, sonreía constantemente a su padres al tiempo que jugaba con el agua. Poco después ya estaba en el regazo de su madre, vestida para visitar el centro de Operación Sonrisa Colombia.

Al día siguiente recibiría su primera cirugía para repararle el labio hendido, el primer paso de un periplo que gracias otra cirugía y diversas consultas con los especialistas voluntarios, transcurrirá hasta su temprana adolescencia.

Nury con su hija Luciana. Foto: Rohanna Mertens.

Pero el camino hasta este punto no fue fácil.

“Al día siguiente de su nacimiento me la trajeron otra vez para ver si podía amamantarla pese a su paladar hendido. La volví hacia mí y de pronto bostezó y me impresionó mucho. Comencé a llorar y la enfermera me la quitó”, dijo una emocionada Nury.

Volvió a probar de amamantarla, pero no funcionaba. Tuvo que comenzar a alimentarla con una cuchara. “Me puso muy triste”.

En cambio, Daniel, su esposo, no se sintió angustiado:

“No me vi sorprendido, o asustado o triste – simplemente sentía felicidad pura. Le agradecí a Dios cuando nació”. “Sabía que Dios tiene un propósito para nuestras vidas y si la envió así, es un placer por sobre todas las cosas”.

Fue en el hospital en donde nació Luciana que un médico le dijo a Daniel sobre Operación Sonrisa Colombia. Los llamó al otro día.

“El proceso fue rápido y me gustó la forma en que dieron prioridad a Luciana”.

Luciana poco después de su primera cirugía. Foto: Rohanna Mertens.

Finalmente llegó el día de la cirugía de Luciana, y Daniel y Nury entraron a la clínica esperanzados.

Se encontraron con un sitio lleno de niños de diferentes edades, esperando junto a sus padres las consultas con varios especialistas.

“Somos conocidos por los pacientes de toda Colombia y también por los especialistas de referencia en sus hospitales”, dijo el Dr. Mauricio Herrera, cirujano de hendiduras faciales y director médico de Operación Sonrisa Colombia.

“Nos hemos convertido en un centro de atención especializada para pacientes nacidos con hendidura facial y ojalá sigamos evolucionando en esa dirección y nos convirtamos en un centro de referencia para todo el país”.

Allí, pacientes como Luciana pueden recibir atención odontológica, preoperatoria, tratamientos de oído, nariz y garganta, asesoramiento nutricional, terapia psicológica y del lenguaje. Los padres pueden incluso tomar cursos sobre cómo apoyar mejor a sus hijos.

El centro de atención de Operación Sonrisa en Bogotá brinda tratamiento a la mitad de los niños que nacen con hendiduras faciales en Colombia cada año.

“Cuando un niño nace con hendidura facial, toda la familia se ve afectada y, a veces, puede aplastarlos si comienzan a acusarse entre ellos o contra ellos mismos. Es fácil pensar que solamente tratamos a los niños que nacen con hendidura facial, pero en realidad afecta a muchas personas a su alrededor, y por eso es tan importante el trabajo que hacemos aquí a diario”, explicó Mauricio.

Y llegó el turno de Luciana.

Fue solo el primero de los muchos días que pasará en el centro. Ella seguirá viendo especialistas durante toda su infancia.

Un año después. Foto: Rohanna Mertens.

La cirugía de Luciana finalizó después de poco menos de una hora y la llevaron a la sala de recuperación para reunirse con sus padres.

Nury lloró otra vez, pero a diferencia de cuando nació, eran lágrimas de alivio y felicidad.

Un año después, Luciana es una niña vibrante a la que le encanta jugar en el parque. Continúa recibiendo tratamiento integral en el centro de atención de Operación Sonrisa Colombia.

“Se ve perfecta, tal como la había soñado. Si no hubiera sido por Operación Sonrisa que ofreció una solución para Luciana, habría sido simplemente terrible”, dijo Nury.

“Para mí, como madre, hubiera caído en una depresión porque el prejuicio de la gente también afecta a los padres de niños que nacen así. Entonces hubiera sido muy frustrante para ella, para mí y para su padre”.

Ahora  puedes ver a Luciana un año después de su operación inicial. El video fue realizado en español con subtítulos en inglés.

Una oportunidad para Jobito

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puedes (y en el momento en que puedas), ayúdanos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

La anestesista Diana Gutiérrez de Nicaragua carga a Jobito, de 10 meses, durante un programa quirúrgico de Operación Sonrisa Guatemala. Foto: Rohanna Mertens.

Jobito nació con peso normal, pero afectado por una condición de hendidura facial, su salud estaba en riesgo. 

Con labio y paladar hendido, se le dificultó la alimentación y comenzó a perder peso en lugar de crecer como se espera de un bebé.

Afortunadamente Operación Sonrisa Guatemala es una organización reconocida en el país. Esto permitió que el padre de Jobito, también llamado Jobito, se enterara por medio de un colega en el trabajo que existía un equipo de personas capaz de ayudar a su bebé.

Con esperanza, Jobito y su esposa Lilia se prepararon para viajar cualquier distancia con tal de que su hijo tuviera la oportunidad de una vida más saludable y feliz.

Así acudieron al centro de tratamiento integral de Operación Sonrisa en Ciudad de Guatemala, la capital.

La nutricionista Mónica Arredondo examina a Jobito, sostenido por su madre Lilia. Foto: Rohanna Mertens.

La llegada al centro fue el inicio de la recuperación para Jobito, aunque hubo que salvar algunos obstáculos.

Luego de conocer a la familia, los voluntarios de Operación Sonrisa Guatemala evaluaron la salud integral del bebé y le colocaron un obturador para que pudiera alimentarse.

El obturador es una placa que se coloca en el paladar para que el bebé pueda amamantarse sin que la leche materna le impida respirar.

Pese a esto, Jobito seguía sin recuperar peso, por lo que tendría que esperar todavía más para poder hacer frente a la cirugía.

El bebé fue incluido en un programa de distribución de apoyo nutricional. Cada mes, las familias en el programa reciben una caja con leche fórmula, un cereal de soja elevado en proteínas, vegetales y frutas. En cada caja, Lilia recibía suficiente fórmula para alimentar a su bebé por un mes.

Cuando regresó a Ciudad de Guatemala luego de que pasara lo peor de la pandemia de COVID-19, Jobito pesaba ocho kilos. Fue examinado por nutricionistas y pediatras que determinaron que podía ser agendado para una cirugía.

Una agradecida Lilia explicó poco después que el programa nutricional fue la clave para que Jobito recibiera su nueva sonrisa.

Una sonrisa para siempre

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puedes (y en el momento en que puedas), ayúdanos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

Mina tenía 10 años y no había tenido oportunidad de una cirugía. Foto: Margherita Mirabella.

A la madre y al padre de Mina le dijeron que la condición de hendidura facial de la bebé se debía a un acto de brujería.

Aunque su padre, Jangiya, y su madre, Zayinabu, no creían en esas supersticiones, que son comunes en algunos países como Malaui, todavía no estaban seguros de qué había causado el labio hendido de Mina. Y menos sabían cómo ayudarían a su hija.

Jangiya y Zayinabu prometieron hacer todo lo posible para darle a su hija la vida feliz y plena que sabían que se merecía, pero muchas de sus preguntas quedaron sin respuesta.

No fue hasta que Mina cumplió 10 años que su sueño de una nueva sonrisa se hizo realidad. Pero el desafiante viaje de una década tuvo muchos obstáculos imprevistos en el camino.

La hendidura facial de Mina generó complicaciones con la lactancia, lo que hizo que recibir una nutrición adecuada fuera casi imposible.

La dificultad para alimentarse es común en los niños que nacen con labio y/o paladar hendido y puede conducir a la desnutrición. Incluso hay algunos casos, especialmente cuando se trata de paladar hendido, en los que los niños pueden morir si no reciben una intervención médica oportuna.

Viajó casi 200 kilómetros junto a su padre para llegar a un programa quirúrgico de Operation Smile Malaui. Foto: Margherita Mirabella.

Con determinación inquebrantable, Zayinabu buscó ayuda para Mina porque temía que su hija no sobreviviera. Una vez que encontró la fórmula correcta y aprendió las técnicas adecuadas de alimentación con biberón, observó con asombro cómo la bebé comenzaba a prosperar.

Al crecer, su hija siempre trató de encontrar formas de expresar alegría en todo e inspirar a otros. El amor que difundió fue correspondido por las personas de su comunidad que la amaban y la aceptaban. Mina no estaba sujeta a la intimidación y el ridículo que experimentan muchos que nacen con hendidura facial.

Sus padres se enteraron de que su condición podía repararse mediante cirugía, pero la felicidad fue fugaz.

Los médicos informaron a la familia que no había un cirujano en Malaui que pudiera realizar ese tipo de cirugía. Su decepción creció después de que les dijeron que tendrían que viajar a otro país si tenían alguna esperanza de encontrar una manera de ayudar a Mina.

A Jangiya y Zayinabu les preocupaba que la solución que habían buscado durante años quedara fuera de su alcance. Entonces, un día, sus esperanzas se hicieron realidad.

Su padre observa en tanto el equipo de voluntarias realiza una parte la evaluación integral de Mina antes de su cirugía. Foto: Margherita Mirabella.

Descubrieron que Operation Smile Malaui contaba con un equipo de voluntarios médicos que podían realizar el procedimiento sin costo alguno y sin necesidad de que la familia abandonara el país.

Después de 10 años de búsqueda, habían encontrado la manera de cambiarlo todo. Pero había un obstáculo más en su camino. Necesitaban llegar a Lilongüe, la capital del país.

Mina y su padre comenzaron su largo viaje hacia el sitio del programa quirúrgico. Después de andar en bicicleta durante una hora y viajar siete horas y media en autobús, llegaron a tiempo para la revisión médica.

Mina, agotada por el viaje, tenía sus dudas sobre el tratamiento. No creía, como dijo, que sería “curada para siempre”.

Voluntarios médicos realizaron una evaluación integral para confirmar que ella estaba lo suficientemente sana como para someterse a la anestesia. En cada programa de Operation Smile, la seguridad del paciente es la mayor prioridad.

Para garantizar que reciban atención médica de la más alta calidad, cada paciente es evaluado por pediatras, cirujanos, nutricionistas y más para detectar posibles problemas de salud que podrían ponerlos en riesgo durante el procedimiento.

Su padre sintió una alegría y un alivio abrumadores después de escuchar que su hija tenía una cirugía agendada.

Una operación que puede durar tan solo 45 minutos realmente cambió la vida de Mina para siempre, devolviéndole la esperanza y la promesa de un futuro mejor.

Ella tiene ahora una vida más plena y feliz. Le encanta ir a la escuela y aspira a convertirse en maestra algún día.

Un año después de su operación, Mina sonríe junto a su padre. Foto: Margherita Mirabella.