El antes, el después

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puedes (y en el momento en que puedas), ayúdanos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

Mira la historia de Luciana hasta su primera cirugía. El video fue realizado en español con subtítulos en inglés.

Sentada en un sofá de su hogar en Bogotá, Colombia, Nury recordó el momento en que nació su hija Luciana. 

“Ella nació un viernes por la mañana, y la enfermera la colocó de inmediato sobre mi pecho, bien arriba, para que no le viera la cara”, explicó.

Sabía que Luciana nacería con labio y paladar hendido gracias a un ultrasonido realizado a los siete meses de embarazo, pero se rehusaba a aceptar la condición de su hija.

“Ahora sé, gracias a Operation Smile, que eso es algo bastante común. Pero entonces, simplemente no podía creer que le ocurriría a mi hija”, dijo Nury.

La pequeña Luciana, en pleno baño, sonreía constantemente a su padres al tiempo que jugaba con el agua. Poco después ya estaba en el regazo de su madre, vestida para visitar el centro de Operación Sonrisa Colombia.

Al día siguiente recibiría su primera cirugía para repararle el labio hendido, el primer paso de un periplo que gracias otra cirugía y diversas consultas con los especialistas voluntarios, transcurrirá hasta su temprana adolescencia.

Nury con su hija Luciana. Foto: Rohanna Mertens.

Pero el camino hasta este punto no fue fácil.

“Al día siguiente de su nacimiento me la trajeron otra vez para ver si podía amamantarla pese a su paladar hendido. La volví hacia mí y de pronto bostezó y me impresionó mucho. Comencé a llorar y la enfermera me la quitó”, dijo una emocionada Nury.

Volvió a probar de amamantarla, pero no funcionaba. Tuvo que comenzar a alimentarla con una cuchara. “Me puso muy triste”.

En cambio, Daniel, su esposo, no se sintió angustiado:

“No me vi sorprendido, o asustado o triste – simplemente sentía felicidad pura. Le agradecí a Dios cuando nació”. “Sabía que Dios tiene un propósito para nuestras vidas y si la envió así, es un placer por sobre todas las cosas”.

Fue en el hospital en donde nació Luciana que un médico le dijo a Daniel sobre Operación Sonrisa Colombia. Los llamó al otro día.

“El proceso fue rápido y me gustó la forma en que dieron prioridad a Luciana”.

Luciana poco después de su primera cirugía. Foto: Rohanna Mertens.

Finalmente llegó el día de la cirugía de Luciana, y Daniel y Nury entraron a la clínica esperanzados.

Se encontraron con un sitio lleno de niños de diferentes edades, esperando junto a sus padres las consultas con varios especialistas.

“Somos conocidos por los pacientes de toda Colombia y también por los especialistas de referencia en sus hospitales”, dijo el Dr. Mauricio Herrera, cirujano de hendiduras faciales y director médico de Operación Sonrisa Colombia.

“Nos hemos convertido en un centro de atención especializada para pacientes nacidos con hendidura facial y ojalá sigamos evolucionando en esa dirección y nos convirtamos en un centro de referencia para todo el país”.

Allí, pacientes como Luciana pueden recibir atención odontológica, preoperatoria, tratamientos de oído, nariz y garganta, asesoramiento nutricional, terapia psicológica y del lenguaje. Los padres pueden incluso tomar cursos sobre cómo apoyar mejor a sus hijos.

El centro de atención de Operación Sonrisa en Bogotá brinda tratamiento a la mitad de los niños que nacen con hendiduras faciales en Colombia cada año.

“Cuando un niño nace con hendidura facial, toda la familia se ve afectada y, a veces, puede aplastarlos si comienzan a acusarse entre ellos o contra ellos mismos. Es fácil pensar que solamente tratamos a los niños que nacen con hendidura facial, pero en realidad afecta a muchas personas a su alrededor, y por eso es tan importante el trabajo que hacemos aquí a diario”, explicó Mauricio.

Y llegó el turno de Luciana.

Fue solo el primero de los muchos días que pasará en el centro. Ella seguirá viendo especialistas durante toda su infancia.

Un año después. Foto: Rohanna Mertens.

La cirugía de Luciana finalizó después de poco menos de una hora y la llevaron a la sala de recuperación para reunirse con sus padres.

Nury lloró otra vez, pero a diferencia de cuando nació, eran lágrimas de alivio y felicidad.

Un año después, Luciana es una niña vibrante a la que le encanta jugar en el parque. Continúa recibiendo tratamiento integral en el centro de atención de Operación Sonrisa Colombia.

“Se ve perfecta, tal como la había soñado. Si no hubiera sido por Operación Sonrisa que ofreció una solución para Luciana, habría sido simplemente terrible”, dijo Nury.

“Para mí, como madre, hubiera caído en una depresión porque el prejuicio de la gente también afecta a los padres de niños que nacen así. Entonces hubiera sido muy frustrante para ella, para mí y para su padre”.

Ahora  puedes ver a Luciana un año después de su operación inicial. El video fue realizado en español con subtítulos en inglés.

Me llamo Pedro

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

Mientras el sol tropical arrecia y el viento seco sopla, las bolsas de plástico y los matorrales ruedan por los amplios y áridos campos de polvo donde el desierto de La Guajira se funde con las afueras de Uribia, Colombia.

Al otro lado de una quebrada seca, un camino de arcilla abrasado por el sol se desvía hacia una serie de pequeños terrenos bordeados por vallas hechas de cactus amarrados con alambre. Los restos de bolsas de plástico enganchados a las espinas se agitan con las ráfagas. En los terrenos se erigen pequeñas chozas hechas con trozos delgados de madera, cartón, tela, metal o fibra de vidrio; cualquier cosa sirve para crear una barrera contra esta severa intemperie.

Estamos en el campo de refugiados ”Tres de abril”. Aquí es donde Marbelis, su familia y muchos otros cientos de venezolanos desplazados se refugiaron de la crisis política y económica en su país.

Hasta la fecha de publicación de este artículo, más de 4,5 millones de venezolanos se han reubicado y más de 1 millón lo hizo en el país vecino Colombia.

Justo al final de la calle del refugio de Marbelis, un grupo de niños pequeños se divierte en un área de juegos pintada de colores fuertes y llena el aire con sus risas, un marcado contraste con el austero panorama.

Pedro, el hijo de Marbelis, forma parte del grupo. Sin embargo, a diferencia de los amigos que ha hecho en el campo de refugiados, Pedro, de 7 años tiene un labio y paladar hendido que no ha sido corregido.

Pedro y sus amigos juegan en el campo de refugiados “Tres de abril” en Uribia, Colombia. Foto: Rohanna Mertens.

Aquí es donde Marbelis finalmente ha encontrado esperanzas para que Pedro y su familia tengan un futuro mejor.

“Cuando llegamos aquí, me sentí mejor”, relató Marbelis. “Para mí y para mis hijos fue una alegría venir aquí. Es fácil conseguir alimentos y allá no es así”.

Mientras hablaba sobre la vida que llevaba en su país natal, luchaba por contener las lágrimas.

A medida que se seguían deteriorando las condiciones en Venezuela, lo mismo ocurría con la capacidad de la familia para llegar a fin de mes. A menudo, Nelson, el esposo de Marbelis, trabajaba muchas horas en una granja y aun así no podía costear los alimentos de los cinco miembros de su familia al terminar el día. Los apagones rotativos se volvieron cada vez más frecuentes.

La madre también perdió la esperanza de que Pedro tuviera la posibilidad de someterse a una cirugía.

“Cuando estaba en Venezuela, me enteré de una misión quirúrgica (no vinculada con Operation Smile) y me inscribí, pero no pasó nada”, comentó. “A la casa llegaron algunos doctores para informarnos de que tendría la posibilidad de que lo operen. Me inscribí, pero tampoco pasó nada”.

“Me cansé de esperar”.

El pequeño Pedro de siete años y su madre, Marbelis. Foto: Rohanna Mertens.

En marzo de 2018, la familia decidió abandonar Venezuela rumbo a Colombia. Nelson, colombiano, sabía que su familia podía tener una vida mejor al otro lado de la frontera, incluyendo la oportunidad para que Pedro sea sometido a una cirugía de hendidura facial.

“Me puse triste, pero teníamos que hacerlo por la situación del país y también por el bien de mi hijo”, señaló Marbelis. “Vinimos en un camioneta que llaman Listineros. Salimos temprano y llegamos por la noche”.

Pasaron varios meses antes de que la familia de Pedro se instalara en el campamento “Tres de abril”. Sin embargo, solo unas cuantas semanas después de su llegada, la comunidad de asistencia médica local identificó a Pedro y la necesidad de que recibiera atención médica para su hendidura facial.

Marbelis se enteró de la existencia de Operación Sonrisa Colombia y de la posibilidad de que su hijo fuera sometido a una cirugía de hendidura facial gratuita gracias a la encargada que administrar el comedor del campamento.

Pedro dibuja en su hogar en el campo de refugiados “Tres de abril”. Foto: Rohanna Mertens.

“Me pidió sus documentos y se los entregué de inmediato”, dijo Marbelis. “Me alegré y me llené de entusiasmo. Ella me estuvo apoyando y, a medida que avanzaba, yo también lo hacía”.

Poco después de su llegada, Marbelis comenzó a hacer trabajos de limpieza para un hombre de Uribia. Al enterarse de que Pedro tenía condiciones de hendidura facial, se puso en contacto con Aristides Ortiz, un coordinador de salud pública del departamento de salud de Uribia.

Ortiz se contactó luego con Operación Sonrisa Colombia, quienes confirmaron que Pedro era el mismo niño que vivía en el campo “Tres de abril” que habían identificado a través del contacto de la administradora del comedor.

Si bien no alcanzaron la misión médica de Riohacha de 2018 por dos meses, fue programado para asistir a la siguiente misión en agosto de 2019.

Ortiz relató que muchos de los refugiados venezolanos que viven en varios campamentos que han aparecido en los alrededores de Uribia llegan con mala salud.

Señaló que los dos hospitales locales solo tienen capacidad para tratar a los refugiados en situaciones de emergencia por lo que condiciones como labio y/o paladar hendido se quedan sin recibir tratamiento.

Los organismos no gubernamentales trabajan con el sistema de salud local para ofrecer tratamientos básicos, pero la necesidad sigue siendo apremiante. Para aquellas personas que viven con condiciones de hendidura facial no tratada en comunidades marginales como la de Pedro, la misión anual de Riohacha constituye su única oportunidad para someterse a una cirugía gratuita.

Marbelis manifestó que aunque Pedro tuvo la suerte de evitar graves problemas de salud que pueden causar las condiciones de hendidura facial, sigue arrastrando la carga emocional de haber sido maltratado por sus antiguos compañeros de clase en Venezuela. También se frustra cuando la gente lo malinterpreta cuando habla.

Marbelis y Pedro esperan por la evaluación médica integral durante la misión de Operación Sonrisa Colombia de agosto 2019 en Riohacha, Colombia. Foto: Rohanna Mertens.

En compañía de Ortiz, Marbelis y Pedro llegaron a la misión de Riohacha con la esperanza de que los médicos voluntarios de Operación Sonrisa Colombia determinaran que estaba lo bastante sano para una cirugía segura.

Después de someterse a una evaluación médica integral, Pedro demostró ser un candidato ideal y fue agregado al cronograma del Dr. Mauricio Herrera, director médico de Operación Sonrisa Colombia y cirujano voluntario de labio y/o paladar hendido.

“He esperado que lo operen desde que nació, pero nunca se pudo”, dijo Marbelis. “Por fin ha llegado el momento de su operación y estoy muy feliz”.

La Dra. Carolina Zapata, anestesista, revisa a Pedro. Foto: Rohanna Mertens.

Según Martha Tristancho, directora ejecutiva de Operación Sonrisa Colombia, la organización tiene como deber atender a familias como la de Pedro.

“Cada día encontramos más personas que nos necesitan y a través de nuestros voluntarios y la atención médica que ofrecemos, tenemos la oportunidad de dar sonrisas”, dijo Martha. “Eso me hace creer cada día más que debemos seguir teniendo un compromiso y que debemos aumentar nuestra capacidad para ofrecer atención médica a todos los que acuden a nosotros”.

El doctor Mauricio agregó: “Es realmente triste que debido a una situación que no pueden controlar, haya un retraso en su tratamiento. Realmente no es justo; los niños deberían ser operados en el momento adecuado para que puedan tener una infancia normal y no tener que esperar a que la situación del país mejore o que el sistema de salud cambie”.

Pedro y Marbelis en espera por la cirugía. Foto: Rohanna Mertens.

El Dr. Hernando De Vivero Gómez, anestesista, y la coordinadora clínica Silvia Natch cuidan de Pedro en la sala de operaciones poco antes de la operación. Foto: Rohanna Mertens.

Llegado el momento de la cirugía, Pedro sonreía mientras sostenía la mano del Dr. Hernando de Vivero, anestesista, para dirigirse hacia la sala de operaciones.

Mauricio realizó la cirugía que Pedro merecía desde sus primeros meses de vida en alrededor de una hora.

El Dr. Mauricio Herrera, director médico de Operación Sonrisa Colombia“ y cirujano de labio y/o paladar hendido, al centro, opera mientras la Dra. Andrea Tavera, residente de cirugía, la Dra. Raquel Cohen, anestesista, y Geraldine Rodriguez, enfermera de sala de operaciones, asisten durante la cirugía de Pedro. Foto: Rohanna Mertens.

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Poco después de que Pedro fuera llevado a la sala de recuperación, la emoción embargó a Marbelis cuando vio por primera vez la nueva sonrisa de su hijo.

“Vine casi corriendo y cuando lo vi comencé a llorar porque se ve tan lindo”.

Pero Marbelis sabe que esto es solo el inicio de la travesía de Pedro para recibir atención médica para tratar su hendidura facial.

Antes de ser dado de alta para regresar a casa, Pedro fue programado para ser sometido a una cirugía de paladar hendido en la misión de Riohacha del próximo año. Si bien el futuro sigue siendo precario para su familia, la determinación de Marbelis es absoluta.

“Ahora estamos listos para su cirugía de paladar”, dijo. “Seguiré luchando hasta que le hagan todas sus operaciones”.

Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

Marbelis ve por primera vez la nueva sonrisa de Pedro después de haber sido sometido a una cirugía de labio hendido. Foto: Rohanna Mertens.

Esfuerzo para salvar vidas en Colombia

Un voluntario de Operación Sonrisa Colombia explica los beneficios del paquete nutricional RUTF a una familia de La Guajira, Colombia. Foto: Operation Smile. 

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

La pandemia de COVID-19 persiste y la variante Delta se esparce por el mundoEl Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas ha estimado que 270 millones de personas se enfrentan a la escasez en 2021. 

Esta cifra representa un aumento en 55% de las personas que sufren inseguridad alimentaria, que ya eran 150 millones antes de la pandemia. De acuerdo a Naciones Unidas, habitantes de varios de los países en los que trabaja Operation Smile están al borde de la hambruna.  

Esto incluye la zona de La Guajira en Colombia, una de las regiones más empobrecidas del país.   

Con recursos ya limitados debido a la llegada de venezolanos que huyen de la crisis social y política en su país, La Guajira, vecina a Venezuela, ha sufrido además los efectos de la pandemia y el cambio climático. Las comunidades de indígenas y refugiados sufren ahora la escasez de alimentos.  

“Muchos indígenas que viven en esta región producen artesanías a mano, y su único ingreso era la venta de esas mochilas hermosas”, dijo Paula Franco, hasta hace pocas semanas coordinadora de programas de Operación Sonrisa Colombia. “Pero no han podido venderlas porque todo se mantuvo cerrado por varios meses”.  

Para las familias afectadas por condiciones de hendidura facial en esta región la realidad es todavía más complicada. La falta de tratamiento de labio y/o paladar hendido puede causar dificultades en la alimentación. Esto aumenta el riesgo de desnutrición y otras consecuencias sobre la salud, incluso la muerte, si los niños no reciben la alimentación necesaria para que puedan recibir una cirugía que les cambia la vida.  

Operación Sonrisa Colombia está presente en La Guajira desde hace décadas y ha trabajado junto con las autoridades sanitarias locales y otras ONG asociadas para establecer las necesidades de los pacientes y sus familias durante la pandemia. De acuerdo a Paula, quedó claro a fines de 2020 que esas familias precisaban apoyo nutricional de forma urgente.  

En noviembre, cuando Operación Sonrisa Colombia desarrolló su primer programa quirúrgico desde el inicio de la pandemia, una cantidad desgarradora de niños llegó a su evaluación médica integral con problemas de nutrición. 

Un paciente que vive en La Guajira es revisado para establecer su nivel de nutrición. Foto: Operation Smile.

Una solución que Operation Smile ya ha probado en países donde la desnutrición amenaza las vidas de los pacientes es el paquete nutricional llamado RUTF (Ready-to-Use Therapeutic Food). Es una pasta de maní muy nutritiva que ayuda a los niños a alimentarse y desarrollarse lo suficiente para poder enfrentar una cirugía.  

“Cuando nos enteramos de la posibilidad de usar RUTF para los pacientes que sufrían desnutrición en Colombia, parecía una solución fácil, ‘tenemos RUTF, enviémoslo y salvaremos vidas’”, dijo Melissa DiBona, vicepresidente de proyectos de Legado en Operation Smile. “Pero luego una se dio cuenta de que no era tan fácil”.  

La importación de suministros y equipos médicos desde Estados Unidos a Colombia es un proceso complejo y muy burocrático que puede ser dolorosamente lento. Con suministros y equipos adecuados ya disponibles en el país, Operation Smile no había enviado material a Colombia desde 2007.  

Hasta ahora.  

Liderados por Kathy Magee, cofundadora y presidente de Operation Smile, integrantes de los equipos de RUTF y de la fundación en Colombia contactaron a la embajada colombiana en Estados Unidos en enero de 2021 y expresaron la necesidad de enviar 99 cajas de RUTF para los pacientes lo antes posible.   

El entonces embajador Francisco Santos Calderón se reunió con el equipo de Operation Smile para buscar una forma de acelerar el envío de RUTF al país. Según Melissa, Santos se mostró de acuerdo en la urgencia de atender a los niños afectados por condiciones de hendidura facial y con problemas de alimentación. Se comprometió a trabajar con varias agencias del gobierno colombiano para ayudar a Operation Smile. 

Aunque el proceso fue más largo en comparación a otros países, el embarque recibió prioridad y fue finalmente autorizado por la aduana colombiana cuatro meses después de la reunión con Santos. El RUTF llegó finalmente a las familias de La Guajira en los primeros días de agosto de 2021. 

La directora de Logística de Operation Smile, Candace Streit, estimó que el envío es uno de los principales logros de su equipo en el complejo mundo de los embarques médicos y aduanas. 

“No hubo atajos, pero fue de mucha ayuda el apoyo del embajador, que aceleró el proceso”, explicó Candace. “La colaboración entre varios departamentos y equipos de Operación Sonrisa Colombia fue lo que lo hizo exitoso”.  

Integrantes del equipo de Logística de Operation Smile posan junto al embarque de RUTF antes de enviarlo a Colombia. Foto: Operation Smile.

La nutricionista de Operación Sonrisa Colombia, Cindy Getial, se unió a la organización en mayo de 2021 y de inmediato se ocupó de las necesidades de las familias afectadas por condiciones de hendidura facial y escasez de alimentos en La Guajira. Esto también incluyó paquetes de alimentos que fueron distribuidos durante la pandemia. 

“Quedó muy claro que no poseen las herramientas necesarias” para asegurar la seguridad alimentaria. Agregó que “por herramientas me refiero a alimentos y educación en la nutrición. Las familias no están al tanto de los hábitos saludables y las herramientas físicas, tanto en sus hogares y en la región, para poder garantizar la alimentación”. 

Cindy explicó que, aunque las condiciones en la zona son duras, es posible educar a las familias sobre los alimentos locales, accesibles, que hacen que las mejoras en la nutrición sean posibles.  

“Pienso que lo más importante es la estrategia de dejar información con las familias, para que ellos puedan gerenciar el esfuerzo para superar las situaciones de inseguridad alimentaria que atraviesan”, dijo.  

Aunque este embarque ayudará a muchos niños a lograr un nivel de salud suficiente para tener la oportunidad de una cirugía, Melissa, Candace y Paula esperan que este logro abra el camino a otros envíos de RUTF hacia Colombia.  

“Esto cubrió exactamente la necesidad de la región y llegó en el momento justo”, dijo Paula. “Es tan hermoso ver que pudimos abrir una puerta y que hay muchas oportunidades, que no nos dimos por vencidas y que realmente ayudará a los niños”.  

Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

El sonido de las pequeñas victorias

Olga Sarmiento, fonoaudióloga voluntaria de Operación Sonrisa Colombia. Foto: Jasmin Shah. 

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

La fonoaudióloga voluntaria Olga Sarmiento crea programas de terapia del lenguaje que se adaptan a las necesidades de comunicación de cada paciente, y asegura así que cada niño tenga la oportunidad de prosperar en su vida tiempo después del fin de la asistencia 

Luego de conocer a una fonoaudióloga en sus tiempos de estudiante universitaria, Olga entabló contacto con Operación Sonrisa Colombia y fue invitada a ser parte de la organización en Duitama. Aunque dudó al principio, se dio cuenta que al proveer terapia del lenguaje puede impactar las vidas de los niños que viven con condiciones de hendidura facial en el país.  

“La acompañé a un trabajo como voluntaria y comencé a hacer exámenes de audición a los niños. Luego se abrió un puesto, yo estaba disponible, me aceptaron y me llamaron”, explicó Olga. “Han pasado nueve años y siento que solamente fue un mes”.  

Cuando los pacientes viven con paladar hendido –o incluso luego de la cirugía reparadora- pueden experimentar dificultades al hablar. Como fonoaudióloga voluntaria de Operación Sonrisa Colombia en el centro de asistencia de Bogotá, Olga se especializa en identificar los desafíos, comprender las etapas del desarrollo de la comunicación y en proveer las habilidades y técnicas que requiere cada paciente.  

En reconocimiento a los profesionales médicos como Olga que colocan la salud y el bienestar de los pacientes en primer lugar, la Organización Mundial de la Salud designó 2021 como el Año Internacional de la Salud y los Trabajadores Sanitarios. 

Ya sea la audición, la comprensión o la pronunciación de palabras, Olga trabaja en la prevención de obstáculos en el progreso de los pacientes y al mismo tiempo mejorar sus habilidades en los primeros años de crecimiento. 

Para Olga, los pequeños momentos con sus pacientes son los que la motivan a trabajar en Operación Sonrisa Colombia.  

“Una simple ‘sss’ o lograr una ‘p’ – sé que si el niño logra hacer eso, le servirá para toda su vida”, dijo.  

Hablamos con Olga para conocer más sobre cómo su papel es una parte vital de la asistencia integral y cómo el ayudar a los niños en un momento clave de su desarrollo hace una gran diferencia.  

Foto: Rohanna Mertens.

Pregunta: ¿Qué fue lo que te motivó a ser voluntaria? 

Respuesta: La expectativa sobre lo que podría llegar a hacer, el no tener un punto de referencia sobre lo que me podría encontrar. Lo que he aprendido de los niños, la cercanía que he podido tener con ellos ha sido increíble y mi trabajo me fascina.  

P: ¿Por qué es tan importante que los pacientes reciban todos los servicios multidisciplinarios aquí en la fundación, incluyendo terapia del lenguaje?  

R: Nuestra meta es que los pacientes vivan cada etapa de igual forma que los niños que no tienen una hendidura facial. Si vienen aquí -Operación Sonrisa Colombia- logran justamente eso.  

P: ¿Qué es lo especial y diferente de trabajar con niños que sufren de una hendidura facial en comparación con niños que tienen otras dificultades para expresarse? 

R: Es más difícil. Uno realmente no sabe a lo que se enfrenta. Así que es difícil. Pero al mismo tiempo es hermoso, …los sonidos. Cuando uno no sabe lo que escucha la primera vez y luego ve cuánto ha mejorado el paciente. Siempre le digo a los padres y madres alrededor del mundo que la terapia también es necesaria. Muchos piensan que una vez que el paladar es cerrado el bebé hablará perfectamente. Eso no es cierto. 

Fotografía: Rohanna Mertens.

P: ¿Cuál es la dinámica al trabajar junto a las otras especialidades de la fundación con el fin de asistir a cada paciente de forma individual? 

R: Creo que la clave para que funcione es respetar la otras áreas de trabajo. Estoy al tanto de que otras personas son expertas en su área y respeto sus procedimientos y sus procesos a medida de que trabajamos. Personalmente estoy muy involucrada y entiendo por qué hacen lo que hacen en otras especialidades. Siempre estoy informada sobre los protocolos que sigue cada especialidad para poder informar a los padres de manera más amplia, así no sienten que están ante piezas separadas, pero veo el orden secuencial.  

Eso nos permite trabajar. Cada área tiene su punto focal en donde es protagonista, y hay otras áreas donde otro profesional es el protagonista pero así es la dinámica. No hemos tenido casos complejos en los que fue necesario reunirnos para ver qué es lo mejor, porque estos pequeños avanzan de acuerdo al proceso en cada área, y cada una tiene sus objetivos. Cuando una meta afecta o mejora otra, entonces nos encontramos, pero de forma muy informal. ‘Hola, este paciente… pienso que… ¿qué te parece?’. Nos ponemos de acuerdo, así es como funciona.  

P: ¿Los padres responden bien y siguen en sus casas los programas que le indicas a sus hijos? ¿Notas la diferencia cuando el paciente regresa a la fundación?  

R: Si tienen un objetivo acerca de lo que esperan para sus niños, y ese objetivo es la perfección, entonces trabajan en ello. Si no tienen claro hacia dónde apuntan, no trabajan en ello porque no ven los resultados que desean. Pero los que tienen sus ojos y oídos abiertos, sí aprecian las pequeñas mejorías. Se motivan y trabajan en casa diligentemente. La claridad respecto a lo que tienen que hacer también los motiva.  

P: ¿Cómo te sientes cuando un paciente finaliza la terapia? 

R: Es una satisfacción inmediata. Durante las consultas, con cada sonido que sé que nunca se produjo antes en la vida del niño, y que fue gracias a mi ayuda que pudieron lograr eso. Aunque el niño no esté hablando bien, cuando logra un nuevo sonido, eso me realiza.  

Me pone feliz saber que de sesión en sesión el niño va a ir desmostrando eso. Y algún día, no muy lejano, llegaremos a su graduación. Para mi es muy importante y así se lo demuestro al niño y a sus padres. Me emociono mucho y ni siquiera es mi hijo. 

Fotografía: Jasmin Shah.

Perseverancia y resiliencia, palabras que describen a Lexxi

El viaje de sanación de Lexxi junto a Operation Smile Colombia

Vea cómo llegamos hasta aquellos pacientes que, al igual que Lexxi, viven en zonas remotas

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

En el desierto de La Guajira, en Colombia, la sorprendente belleza natural solo se compara con las duras e implacables condiciones de vida

El viento seco y abrasivo remueve el polvo y la arena bajo un calor abrasador. Sin embargo, es habitual encontrarse con un cielo azul y radiante y cactus altos y verdes que sobresalen por sobre los matorrales.

El pueblo wayú ha habitado La Guajira por miles de años, pero para la familia de Elba y Lexxi se ha convertido en un lugar en el que les resulta difícil prosperar.

Lexxi nació con labio y paladar hendido. Es la séptima de ocho hermanos y es la única niña de la familia que padece condiciones de hendidura facial.

Lexxi con 8 años de edad. Foto: Rohanna Mertens

Su familia vive en una zona pobre y remota, cerca de la frontera con Venezuela, que queda a cuatro horas en autobús del pueblo más cercano, Uribia (Colombia). La actividad criminal ha aumentado en esta zona desde que la situación económica y política en Venezuela dio paso a una grave crisis humanitaria.

Elba, la madre de Lexxi, nos contó que unos ladrones le robaron su motocicleta (el único medio de transporte de la familia) y un pequeño rebaño de cabras.

El marido de Elba la abandonó luego del nacimiento de su octavo hijo.

A pesar de estas penurias, Elba sigue perseverando. Se gana la vida tejiendo mochilas de lana tradicionales de los wayú y vendiéndolas en el mercado de Uribia.

Elba teje una mochila de lana tradicional de los wayú mientras Lexxi la observa. Foto: Rohanna Mertens.

Sin embargo, este arte provee ingresos bajos, lo cual impide de Elba pueda costear una cirugía para su hija. Este factor, sumado al hecho de que el pueblo (que carece de agua corriente y electricidad) esté en una zona tan remota, crea una barrera prácticamente inaccesible para que Lexxi reciba atención quirúrgica.

Hace ocho años, cuando nació Lexxi, Elba se vio sorprendida y desolada por la condición de hendidura facial con las que nació su bebé.

“Me asusté cuando vi a mi hija así”, dijo Elba. “Me preguntaba qué iba a pasar con mi hija y si iba a ser así cuando fuera más grande”.

Elba, al igual que sus vecinos, se preguntaba por qué su hija había nacido con labio y paladar hendido. Se preguntaba si habría comido algo que no debía durante el embarazo. Otros especulaban con que un animal había asustado a Elba antes de que Lexxi naciera.

Debido a que en su comunidad carecían de información sobre las hendiduras faciales. Por ejemplo que no se puede determinar de forma específica qué las provoca – pueden existir factores genéticos, ambientales o una combinación entre ambos – Elba, en última instancia, lo atribuyó a la voluntad divina.

Pero rápidamente cayó una inmensa preocupación y duda: el labio y paladar hendido de Lexxi le impedían ser amamantada. La única opción que le quedaba a Elba era darle leche de cabra con una cuchara y, afortunadamente, consiguió alimentar a su hija de ese modo.

En sus primeros años era habitual que Lexxi se enfermara y a veces su paladar hendido le provocaba dificultades para comer y respirar adecuadamente. Considerando que vivían a varias horas de los servicios sanitarios más básicos, Elba hizo lo mejor que pudo para cuidar a Lexxi y reaccionar ante las enfermedades.

Al igual que su madre, Lexxi ha demostrado resiliencia. Le encanta ir a la escuela y es una excelente estudiante, a pesar de que algunos compañeros de clase la acosen y le hayan puesto sobrenombres como “sin boca”. Ella se defiende inmediatamente y sus maestros y amigos también la han apoyado.

Una de las actividades preferidas de Lexxi es dibujar los paisajes y animales de su pueblo en La Guajira (Colombia). Foto: Rohanna Mertens.

Recientemente, Lexxi sufrió una enfermedad respiratoria aguda y Elba supo que debía llevarla al hospital urgentemente para que la trataran. Fue durante ese viaje que Elba escuchó hablar de Operación Sonrisa Colombia y su misión médica anual, que se llevaría a cabo en la cercana ciudad de Riohacha.

Esa fue la primera vez que Elba escuchó que se podían corregir las condiciones de hendidura facial de su hija mediante una cirugía. Fue también la primera vez que sintió esperanza por el futuro.

Con la ayuda de un coordinador de salud pública local, Elba y Lexxi emprendieron un largo viaje hasta el pueblo de un amigo, justo en las afueras de Uribia. Allí nos reunimos con ellas por primera vez. Esa zona se conoce como Polvo y es muy similar a la comunidad en la que viven.

Lexxi y Elba recorren la comunidad de su amigo, cerca de Uribia (Colombia). Foto: Rohanna Mertens.

Desde esa localidad el viaje hasta Riohacha es corto. Era allí donde los voluntarios médicos de Operation Smile llevarían a cabo cirugías gratuitas para corregir hendiduras y tratamientos interdisciplinarios (incluso terapia del lenguaje y atención psicosocial) la semana siguiente. La organización brinda esos servicios todos los años a los pacientes de comunidades rurales y remotas a lo largo de todo el país.

Cuando Elba y Lexxi llegaron a la misión y se vieron rodeadas de decenas de familias, niños que padecían condiciones de hendidura facial y voluntarios compasivos, su actitud dejó de ser de abatimiento y timidez. Se las veía llenas de esperanza y energía.

Lexxi durante una consulta de terapia de lenguaje con Paola Andrea Eussen, voluntaria de Operation Smile, como parte de su examen médico integral. El mismo fue llevado a cabo en la misión sanitaria de Riohacha (Colombia).

Luego de que se le realizara un examen médico integral, se determinó que Lexxi estaba lo suficientemente saludable como para que se le practicara una cirugía en su labio hendido.

“La idea es que Lexxi, quien tuvo problemas en el pasado por su condición de hendidura facial, ahora, con una nueva sonrisa y una nueva cara, sea aceptada por los otros niños”, dijo la Dra. Sonia Montenegro, anestesista voluntaria de Operation Smile. “La incluirán y podrá jugar con ellos y tener una infancia normal”.

Después de aproximadamente una hora de cirugía, la vida de Lexxi cambió para siempre.

“Me latía el corazón muy fuerte y me decía a mí misma que tenía que mantener la calma”, dijo Elba, visiblemente aliviada y encantada, luego de ver la nueva sonrisa de su hija por primera vez. “Ahora se ve muy hermosa. Me siento absolutamente feliz”.

“Agradezco de todo corazón a todos los que nos ayudaron. Me siento satisfecha y feliz. Es lo único que siento ahora mismo”.

Lexxi contempla su nueva sonrisa en un espejo. Foto: Rohanna Mertens.
Lexxi con 9 años de edad. Foto: Rohanna Mertens.

Tiempo después, Elba nos dijo que ya nadie molestaba a Lexxi y que disfrutaba plenamente el tercer grado. Es una excelente estudiante y se destaca en matemáticas. Hacía poco había aprendido a hacer divisiones. Lo que más le gusta es estudiar, hacer la tarea y dibujar animales y paisajes. Elba también nos contó que la había escuchado hablando con sus hermanos sobre sus sueños para el futuro: les había contado que le encantaría ser secretaria, enfermera o doctora algún día.

En cuanto llegó a la misión para un seguimiento, Lexxi era todo sonrisas mientras los voluntarios la saludaban. Rápidamente se hizo amiga de los otros niños en la zona de admisión mientras bailaba y jugaba con burbujas.

Dibujaba y coloreaba mientras aguardaba empezar a una sesión de terapia de lenguaje con la voluntaria Angie Agudelo, quien luego le dio a Elba las lecciones para que se las enseñe a Lexxi en casa.

Lexxi durante una sesión de terapia de lenguaje llevada a cabo por Angie Agudelo, voluntaria de Operación Sonrisa Colombia. Foto: Rohanna Mertens.

La cirugía de paladar de Lexxi también fue un éxito. Tendrá la posibilidad de regresar a Riohacha cada tres meses para seguir adelante con su terapia del lenguaje y otros tratamientos, como recibir orientación psicosocial de los voluntarios de Operación Sonrisa Colombia.

Si bien las cirugías y tratamientos para corregir hendiduras faciales no pueden resolver muchos de los problemas que enfrenta su familia en su rincón agreste del país, el viaje de sanación de Lexxi la llevará hacia un futuro más próspero.

Foto: Rohanna Mertens.