La rebeldía detrás de una sonrisa

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puedes (y en el momento en que puedas), ayúdanos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

Todo comenzó con la apertura del expediente de cada paciente previo a la evaluación médica integral. Fotografía: Carlos Rueda.

“Sonriamos, es un acto de rebeldía”, gritaba un muro de Tegucigalpa, Honduras. Ese grafiti, seguramente con alguna connotación política, que apareció al paso del transporte de los voluntarios internacionales de Operation Smile desde el aeropuerto de Palmerola hasta el hotel, cuadraba de alguna forma con lo que fue su trabajo durante una semana de agosto de 2022. 

En este caso el buscar una sonrisa es un acto de rebeldía ante la hendidura facial, ante las dificultades que genera esta condición para millones de niños alrededor del mundo, ante la desnutrición, el aislamiento y el acoso escolar. 

Rebeldía de los familiares de los pacientes, que viajaron desde todos los rincones del país para acudir al programa quirúrgico en el Hospital General San Felipe de la capital hondureña. Llegaron desde Copán, desde Atlántida, desde Intibucá, desde Olancho, con la misma esperanza y sin reparos ante el esfuerzo que implicó el traslado.  

Y rebeldía de los Acompañantes de Pacientes, esos voluntarios que no quieren que prosiga el sufrimiento de los pacientes y sus familias, que donan su tiempo y habilidades para acercarlos a una clínica de Operación Sonrisa Honduras. 

Rebeldía para poder sonreír, para generar nuevas sonrisas en los pacientes. Y si 61 nuevas sonrisas fueron creadas en la sala de operaciones, otras, incontables, reaparecieron en los familiares, que las recuperaron luego de meses de angustia y dolor por más que en muchos casos Operation Smile los acompañó desde los primeros días de vida de su hija, hijo, sobrina o sobrino o pariente. 

Y de eso se trató básicamente el programa quirúrgico en el hospital San Felipe, edifico histórico e icónico de la capital que volvió a albergar el trabajo de Operación Sonrisa Honduras una vez que pasó lo peor de la pandemia de COVID-19.  

Jorge, der,, es un Acompañante de Pacientes. Recorre la zona en la que vive para difundir el trabajo de Operación Sonrisa Honduras y detectar posibles pacientes. Fotografía: Carlos Rueda.

El programa se realizó en homenaje a Gabriel Armijo, otro rebelde que durante 14 años colaboró con la fundación local en su capacidad de biomédico y en su más importante capacidad de transmitir alegría a los pacientes y demás voluntarios. Murió demasiado temprano, a los 44 años; ahora será su ejemplo el que perdure en el tiempo. 

Justamente el tiempo parecía detenerse en el preoperatorio del hospital. Los pacientes y sus familiares esperaron durante horas el turno de la cirugía, impulsados por el gran motor que es la esperanza y la confianza en Operation Smile.  

“Yo lo que quiero es que mi hijo pueda decir Papá correctamente”, dijo Erlin al tiempo que Alex Gabriel jugaba en un área infantil del hospital. Caía la tarde en Tegucigalpa y aumentaba la ansiedad en el preoperatorio. Alex Gabriel estaba agendado para su cirugía gratuita y segura al día siguiente. 

Pero antes de llegar al preoperatorio los pacientes debieron pasar por todo el proceso de documentación y de la evaluación médica integral. 

Ana, izq. intensivista pediátrica de Brasil dialoga con la madre de un paciente. Fotografía: Carlos Rueda.

Sentados bajo una carpa en una agradable mañana de Tegucigalpa, los pacientes con sus madres –en su mayoría siempre están acompañados por sus madres- esperaban a ser llamados para iniciar el proceso.  

Entre decenas de personas estaba Emanuel, de 3 años, inquieto y, por qué no, un poco aburrido de la espera, sin entender mucho de qué se trataba todo.  

Su semblante cambió cuando un voluntario le ayudó a armar un avión de papel con una hoja un poco arrugada que había conseguido quién sabe dónde.  

Ese pequeño avión que se arrugaba con cada caída ‘voló’ junto a Emanuel durante buena parte del proceso de evaluación. Lo acompañó en primer lugar cuando se abrió su expediente, otro papel, o conjunto de papeles, que lo acompañó desde el primer día hasta el último en el programa y luego fue archivado en la clínica para referencia médica. 

Si bien el expediente de Emanuel recorrió todo el proceso, el avión no tuvo la misma suerte. Voló hasta fotografía -donde se toman las imágenes médicas- donde Emanuel vio a la distancia unos globos y su interés cambió radicalmente.  

El avioncito, los globos y demás artículos son parte de una estrategia que utilizan los voluntarios para mantener a los pacientes entretenidos mientras pasan por enfermería, cirugía, terapia del lenguaje, anestesia, odontología y psicología. 

En cada etapa tomaron contacto con especialistas locales e internacionales que les realizaron todo tipo de estudios para decidir si estaban aptos para hacer frente a una cirugía. 

Fue allí donde conocieron por primera vez al personal de enfermería proveniente de Suecia, Estados Unidos y Honduras. Anestesiólogos que llegaron desde Paraguay, Estados Unidos y residentes locales. Cirujanos de Estados Unidos, Paraguay, Ecuador y sus pares hondureños.   

El esfuerzo de todos ese día fue titánico. El transcurrir de las horas, las risas, lo llantos, la angustia, la felicidad, todo hizo mella en las energías de los participantes. Pero entre tanto bullicio y cansancio no se escuchó una sola queja.  

Los familiares volvieron a sonreír en la sala de recuperación. Fotografía: Carlos Rueda.

Los agendados para cirugía llegaron horas o días después a la sala preoperatoria. Allí pudieron albergarse la noche anterior a la intervención y esperar luego hasta que fueron llamados en pequeños grupos hacia la sala de operaciones.  

Los esperaban tres mesas con otros tantos cirujanos. Antes de llegar al quirófano visitaron la sala denominada “Child Life”, donde por medio de juegos y otras terapias se intenta mostrarle al paciente lo que le espera en la operación. Así, una máscara de anestesia se transforma en un inesperado juguete. La idea es que nada los sorprenda al entrar a una de por sí poco acogedora sala esterilizada poblada de instrumentos y personas con largas batas. 

Una escena conmovedora se produjo horas antes en el preoperatorio cuando las madres, padres o familiares acicalaron a los pequeños antes de la cirugía. Un hombre, con la vida de un campesino marcada en su rostro, que viajó durante horas con un sobrino para que fuera finalmente operado, se tomó todo el tiempo del mundo para colocarle la bata correspondiente y sobre todo para peinarlo. Mojó su cabello y luego pasó el peine en innumerables oportunidades hasta que consideró que el pelo estaba en su lugar correcto.  

Una escena cotidiana en cualquier otro contexto se transformó en la demostración de amor más poderosa que se puede brindar.  

“Mamá quiero comida”, se escuchó desde una de las camas. Un pedido reiterado durante las necesarias horas de ayuno previo a la cirugía. Difícil explicar eso a un bebé que apenas habla o a un niño cansado de jugar un buen rato en un columpio. Otra vez, debió aflorar la rebeldía y la esperanza para sostener la situación.  

 Fotografía: Carlos Rueda.

Y como si fuera poco, los familiares tienen que separarse de sus pequeños antes de ingresar al quirófano. El acto de fe más grande que puede recibir una organización como Operation Smile.  

Esperaron en los pasillos del hospital San Felipe hasta que fueron llamados a la sala de recuperación. Allí vieron por primera vez a sus seres queridos con su nueva sonrisa y más amplia fue la de ellos al constatarlo.  

Erlin, el padre que esperaba por su hijo Alex Gabriel, ingresó a la sala de recuperación y luego fue llevado en silla de ruedas con su hijo en brazos hasta la sala de posoperatorio.  

Era otro universo respecto al preoperatorio. Un oasis de tranquilidad, un espacio para que familiares y pacientes agotados pudieran descansar luego de una larga jornada marcada por la ansiedad y los nervios.  

Allí pasaron la primera noche del resto de sus vidas. Erlin se fue al albergue que provee Operación Sonrisa Honduras a descansar y la madre de Alex Gabriel se quedó con él en el hospital.  

Erlin, cansado, seguramente no soñó nada, y si lo hizo debe haber sido algo nuevo, porque el sueño de que su hijo le diga ‘Papá’ correctamente se cumpliría en breve.  

Si puedes (y en el momento en que puedas), ayúdanos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza.  

La noche en sus manos

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puedes (y en el momento en que puedas), ayúdanos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

De izq. a der.: Gladys, Adriana y Claudia poco después de finalizar un turno nocturno en el Hospital General San Felipe de Tegucigalpa, Honduras, en agosto de 2022. Fotografía: Carlos Rueda.

La compleja logística de reciente un programa quirúrgico internacional de Operación Sonrisa Honduras reca por las noches en tres enfermeras y un enfermero, que pusieron su juventud y pasión al servicio de los pacientes. 

Claudia, Josué, Adriana y Gladys caminaban a paso lento pero seguro por los abiertos y oscuros pasillos del Hospital San Felipe. Salvo algún foco ocasional, la única luminosidad provenía del piso damero, característica de sus amplias galerías ventiladas, con cielorraso y columnas pintadas color crema, y marrón en su base. La oscuridad apenas dejaba entrever los árboles que pueblan cada patio. 

Había caído una noche agradable en Tegucigalpa, Honduras, y los cuatro jóvenes enfermeros se disponían a iniciar el primer turno nocturno previo a las cirugías.  

Claudia Padilla, una enfermera voluntaria local estimó junto a sus colegas que se esperaba una noche más tranquila. Según explicó, al no haber posoperatorio todavía, los cuatro pasarían su primera noche en la sala preoperatoria. 

Dicha sala, de paredes rematadas en violeta con motivos infantiles en donde se destacaba una imagen de “El principito” de Antoine de Saint-Exupery, era un amplio salón con 12 camas y cunas.  

También funcionó como albergue para los pacientes que serían operados por los voluntarios de Operation Smile. Allí pasaron la noche anterior a la cirugía. Y en cada noche, durante una semana, allí estuvieron en algún momento Claudia, Josué, Adriana y Gladys.   

El programa internacional evaluó a 114 pacientes y ofreció 61 cirugías. Fotografía: Carlos Rueda.

De hecho, su primer turno en el programa quirúrgico de Operación Sonrisa Honduras había comenzado un poco antes, en las reuniones por especialidad que se realizaron en un hotel cercano.  

Allí los cuatro coordinaron diversos aspectos de su trabajo y la comunicación con los demás equipos. Un programa quirúrgico de Operation Smile es en realidad una compleja suma de engranajes, que deben estar aceitados y en sintonía cuando llegan las jornadas de cirugía.  

También revisaron sus equipos. Claudia no dejó detalle al azar. Trajo consigo incluso una serie de lápices y lapiceros, que, como no podía ser de otra forma, guardaba dentro de un gorro de enfermera.  

Los lapiceros eran importantes para la mexicana Adriana Porraz. Inmersa en la enfermería desde hace 12 años, lleva poco más de uno con Operation Smile. Y estaba tan preocupada por tener los documentos en orden como que todos sean rellenados en un mismo color, de preferencia el azul o el negro. 

Josué Hernández estuvo de acuerdo. De ademán serio, este enfermero profesional hondureño que iba por su tercer programa con Operation Smile, se aseguró de traer su té. Salvo el verde, cualquier tipo de hoja es de su agrado.  

Tanto Claudia, Adriana y Josué acordaron un régimen de alimentación similar. Comer no es algo fácil de hacer cuando se está de turno en un hospital, en particular si se trata de una noche agitada. Optaron por hacerlo antes y después de su jornada de trabajo.  

La que marcó la diferencia fue Gladys Boltron, californiana de ascendencia filipina, que comenzó a colaborar con Operation Smile hace cinco años, en un programa quirúrgico en Jordania. Ella prefirió que le llevaran la cena durante su turno. 

Josué cumplió su tercer programa quirúrgico con Operación Sonrisa Honduras. Fotografía: Operation Smile.

Luego de recorrer los pasillos del hospital, que a esa hora eran transitados únicamente por gatos, y ya en la sala preoperatoria, los cuatro comenzaron a realizar sus tareas. Fueron horas de tomar signos vitales a los pacientes, distribuir mantas o indicar a los familiares las medidas de ayuno necesarias antes de toda cirugía. 

Adriana, que en México trabaja en sala de emergencias, una función que disfruta y le ha permitido ver de todo como ella asegura, no ocultó su emoción al iniciar su trabajo en la sala. Saber que un paciente verá su vida transformada es todo para ella.   

Para Josué no hay discusión posible. El trabajo de Operation Smile, y en este caso de Operación Sonrisa Honduras, dejará cambios permanentes en los niños, jóvenes y adultos que se operaron, en beneficio de cada uno de ellos. 

En algún momento de calma aprovecharon para beber algo o descansar en una camilla que parecía ser del mismo año de inauguración del hospital general en la nueva localidad, 1926, cuando adoptó el nombre de San Felipe. 

Avanzaba la noche y los pacientes, los más pequeños, comenzaban a caer dormidos. Sus madres y padres los arropaban, los abrazaban, aprovechaban para darse un respiro. Todo transcurría en calma y tranquilidad. Ideal para Josué y Claudia, que después de una noche a la orden les esperaban ocho horas de trabajo adicional en otras clínicas.  

El personal de la noche fue relevado por el diurno en el inicio de cada día de cirugías. Fotografía: Carlos Rueda.

A medida que el sol comenzaba a elevarse sobre las colinas que rodean Tegucigalpa también crecía la ansiedad en la sala preoperatoria. No se necesitó mucho para que la atmósfera de tranquilidad y paz de la noche dejara lugar a la ansiedad.  

El ambiente se volvió eléctrico. Un hervidero de preparativos; el ingreso del personal de enfermería del día; de los especialistas; de los proveedores. La anticipación y los nervios, que llegan a su apogeo cuando un niño ingresa al quirófano y desembocan en el oasis de la sala posoperatoria, ya se hacían sentir. 

En la noche siguiente fue en esa sala posoperatoria donde los pacientes descansaron junto a Gladys y Josué. El equipo se dividió, Adriana y Claudia permanecieron en la sala de preoperatorio. Fueron alternándose entre salas durante el resto de la semana.  

Entrada la mañana de la primera jornada de cirugías los cuatro entregaron la documentación a sus colegas del día y partieron rumbo a sus trabajos o al hotel, con un mismo deseo: dormir. 

“El trabajo en equipo es lo mejor”

La Dra. Amaya acaba de participar en un programa quirúrgico realizado únicamente por mujeres. Foto: Operación Sonrisa Honduras.

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

Gladys Amaya Sarmiento es cirujana plástica voluntaria y subdirectora médica de Operación Sonrisa Honduras. Asegura que el trabajo con la fundación le cambió la vida en todos los sentidos.   

Gladys conoció a Operación Sonrisa Honduras cuando hacía su residencia de medicina y no volvió a mirar atrás. Primero participó en un programa para residentes, enseguida optó por los cursos que se ofrecían y comenzó a colaborar en cirugías desde 2015.

El contacto con los programas quirúrgicos fueron una revelación. “No me imaginaba la magnitud del problema de salud que teníamos en Honduras”.

Hablamos con Gladys sobre su experiencia con Operación Sonrisa Honduras y el papel de las mujeres en los programas quirúrgicos.

Gladys Amaya. Foto: Captura de pantalla tomada de la entrevista virtual.

Pregunta: ¿Qué sentiste en tu primer programa quirúrgico con Operación Sonrisa Honduras? 

Respuesta: La primera vez era residente y me sentía como que era extranjera en mi país. Todos se conocían y sin embargo fui muy bien recibida. Lo bueno es que como residente trabajas con doctores que ya tenían 25 años reparando labios y paladares hendidos. Una cree que lo sabe todo, pero ante un maestro una se da cuenta de que falta mucho por aprender. Me tocó trabajar con buenas personas que me iban llevando de la mano, explicándome las cosas poco a poco. Todo de manera muy cariñosa. Sentí que era una familia, fue muy impactante. 

Tuve la oportunidad en ese primer programa de trabajar en el preoperatorio. Y llegaron como 300 pacientes. Al final de la jornada estaba tan cansada que no podía ni pensar. No me imaginaba la magnitud del problema de salud que teníamos en Honduras.

P: ¿Cómo era tu experiencia con niños antes del primer programa con Operación Sonrisa Honduras?

R: Soy cirujana general y tenía experiencia como asistente en cirugías de labio y/o paladar hendido. Pero no es lo mismo asistir a ir a un programa que solamente hace esto. Antes tal vez operábamos a cuatro o cinco pacientes y yo era la asistente. No eran 100 ó 90. Tampoco había cinco cirujanos operando al mismo tiempo.

P: ¿Crees que participar en los programas de Operación Sonrisa Honduras te hizo mejor cirujana?

R: Completamente. Si comparas mis primeros resultados con los actuales, los últimos son completamente mejores. Pero no se trata solamente de la habilidad quirúrgica. Todo el mundo se vuelve sensible.

Me encanta porque tengo contacto con cirujanos de diferentes ciudades y nos conocemos y compartimos. Cada programa es diferente. Aunque sea la cirujana principal, una pequeña sugerencia de algún colega puede hacer la diferencia.

Alguien puede pensar que es algo repetitivo operar un labio o un paladar hendido, pero no, se trata de los pacientes. Una va haciendo experiencia, adquiriendo conocimientos y volviéndose más sensible.

Cuando empecé en Operación Sonrisa ya tenía un hijo y ello me generó una empatía enorme para con los niños con labio y/o paladar hendido.

Una tiene un enamoramiento patológico de Operación Sonrisa. Se vuelve obsesivo. Pero alguien me dijo ‘la caridad empieza en casa’ y aprendí a tener un poco de equilibrio entre los programas y mi hogar.

Las voluntarias entablaron una conexión especial con los pacientes y sus madres. Fotografía: Operación Sonrisa Honduras.

P: ¿Cómo impacta la experiencia en los demás voluntarios? ¿Tus asistentes adquieren conocimientos que después vuelcan en sus comunidades?

R: En Operación Sonrisa operamos con una instrumentista y nada más. Entonces una como que aprende a trabajar con las dos manos. La instrumentista ya sabe todo lo que tiene que hacer y ya conoce mis ritmos durante una cirugía.

El trabajo en equipo es lo mejor que se puede encontrar. Lo bonito de Operación Sonrisa es que no hay competencia. Sencillamente lo hacemos de la mejor manera y al final todos logramos casi los mismos resultados. Generamos un estándar.

P: Hace poco realizaron un programa quirúrgico integrado únicamente por mujeres. ¿Cómo llegaron a esa idea?  

R: La mayor parte de los voluntarios y el personal en Operación Sonrisa Honduras somos mujeres. Operation Smile realizó un programa ‘Mujeres en Medicina’ en Marruecos y se nos ocurrió hacer algo similar para conmemorar el Día de la Mujer Hondureña (25 de enero, ndlr). 

Las mujeres sentimos empoderamiento, de que podemos hacerlo. Y fue posible porque la mayor parte del equipo somos mujeres.

Una de las voluntarias tiene que viajar entre tres y cuatro horas para llegar al programa. Ella tiene un hijo que nació con paladar hendido, que fue operado por Operación Sonrisa. Entonces se dijo ‘Operación Sonrisa operó a mi niño, entonces yo voy a ser voluntaria de Operación Sonrisa’. Y también ha acercado a más voluntarios.

P: ¿Qué es lo diferente que puede aportar un programa llevado a cabo solamente por mujeres?

R: El beneficio es porque nos conocemos, porque somos un equipo. El programa solamente con mujeres salió de maravillas, pero no se trata de excluir a los hombres. 

Para mi fue una casualidad que solamente fuéramos mujeres. El resultado no depende de que seamos mujeres. No importa el género, cada profesional aprende a hacerlo al cien por cien.

Amaya cree que su trabajo con Operation Smile la ha hecho mejor cirujana y una persona más sensible. Fotografía: Operación Sonrisa Honduras.

P: ¿Han tenido quejas o reparos de parte de los familiares de los pacientes?

R: Nunca en todos los programas que he estado alguien dijo ‘no quiero que esa mujer opere’. Sí ha ocurrido que al verme creen que soy la enfermera. Pero les explico y no es un problema.

Cuando uno está en una organización como Operación Sonrisa deja a un lado el género. Aquí somos cirujanos plásticos, anestesiólogos, enfermeras, la profesión que tiene cada uno. Si lo haces bien, bienvenido.

P: ¿Cómo es la experiencia de ser una mujer en la Medicina en un país como Honduras?

R: Mi Papá era un hombre que defendía a las mujeres. Le decían que no me enviara a la capital a estudiar. Pero él siempre apoyó la idea. 

Como mujer te hace comportarte un poco como hombre. Una se decide a lograrlo. Cuando empecé a estudiar Medicina la mitad éramos mujeres. Y éramos muy aguerridas, muy competitivas.

En mi generación nos graduamos ocho hombres y dos mujeres. Ahí fue complicado poder entrar a trabajar. Hubo que adaptarse. Volverse seria, decirme a mi misma ‘no me van a intimidar’.

Creo que soy la tercera mujer cirujana plástica en Honduras. Cuando empiezan a conocerte y a tu trabajo, ya ni te ven como mujer si no como una cirujana plástica. Actualmente soy la presidenta de la Asociación Hondureña de Cirujanos Plásticos.

Hoy Honduras tiene una gobernante, una presidenta en el Colegio Médico y casi todas las asociaciones médicas son presididas por mujeres.

Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

Oscar ya no es un extraño

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puedes (y en el momento en que puedas), ayúdanos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

Oscar llegó a un programa médico de Operación Sonrisa Honduras con siete años. Foto: Jasmin Shah.

A los 7 años, Oscar no hablaba, solo se comunicaba a través de movimientos de cabeza y sonrisas tímidas.

Su paladar hendido le impedía articular correctamente las palabras, y debido a la frustración de no ser entendido, Oscar dejó de intentar hablar.

Con el tiempo, el labio hendido de Oscar le impidió ir a la escuela, hacer amigos y sentirse aceptado en su propia comunidad.

“Lo llamaban ‘el bicho'”, dijo su madre, Gloria.

Varias semanas antes de un programa quirúrgico de Operación Sonrisa Honduras en Tegucigalpa, un periódico local, La Tribuna, publicó un artículo destacando los problemas que enfrentan miles de hondureños por la falta de atención médica.

La nota buscaba reunir apoyo y recursos para Gloria, quien había perdido a dos hijos debido a la desnutrición. Ocho miembros de la familia, seis hijos y sus progenitores, compartían una choza hecha de barro y madera.

Gloria y su hijo Oscar nunca habían visto a otro niño con hendidura facial. Foto: Jasmin Shah.

El artículo del periódico incluía fotos de la familia y su casa; en el medio se veía un Oscar sonriente.

“Estaba leyendo el periódico una mañana y vi a este niño con una hendidura facial”, dijo Juan Zablah, voluntario de Operación Sonrisa en Honduras.

“Lo vi y realmente me impactó. Inmediatamente llamé a la oficina de Operation Smile aquí y pregunté qué podíamos hacer para ayudarlo “.

Juan se puso en contacto con el reportero del periódico, que a su vez lo puso en contacto con los trabajadores de la salud en el pueblo donde viven Oscar y su familia.

Madre e hijo en Tegucigalpa. Foto: Jasmin Shah.

Ellos fueron lo que le dijeron a la familia que había una organización, Operation Smile, que podía ayudar a su hijo.

En unas pocas semanas, los miembros de la iglesia y la comunidad reunieron suficiente dinero para que Oscar y Gloria pudieran viajar a un programa quirúrgico de Operación Sonrisa Honduras en Tegucigalpa, para tener la oportunidad de una cirugía que podría cambiar el futuro de Oscar.

Gloria y Oscar viajaron a pie durante dos horas para llegar a un autobús, en el cual viajaron otras tres horas llegar al sitio del programa quirúrgico.

Nunca habían visto a nadie más con una condición de hendidura facial antes de llegar allí.

En Tegucigalpa, Oscar se relacionó y jugó con otros niños mientras esperaba por su atención médica. Foto: Jasmin Shah.

Gloria se había resignado a llamar “destino” a todas las desgracias de su familia, pero esperaba que la oportunidad de la cirugía ayudara a cambiar la vida de su hijo y de los demás.

“Me duele. Mis otros hijos se han ido. Me duele que Oscar sea así. Me duele el corazón cuando lo llaman ‘el bicho’ ”, dijo, tratando de contener las lágrimas frente a su hijo. “Espero que la cirugía pueda cambiar su vida, comenzando por la forma en que la gente lo trata”.

Oscar y Gloria se unieron a casi otras 200 familias, todas con la esperanza de tener la oportunidad de una cirugía. Después de permanecer al lado de su madre toda la mañana, Oscar encontró consuelo en los otros niños que se parecían a él: lanzaban una pelota, corrían entre sillas como una carrera de obstáculos casera y trataban de hacer estallar más burbujas que los demás.

Oscar y todos los demás niños estaban esperando para completar su evaluación médica integral, que determinaría quién estaba lo suficientemente sano como para someterse a una cirugía.

El Dr. Daniel Pyo junto a Oscar. Foto: Jasmin Shah.

El equipo médico no solo decidió que el niño era un candidato perfecto para la cirugía, sino que decidió ir aún más lejos para ayudarlo.

En lugar de operar su labio y su paladar hendidos en dos programas quirúrgicos separados, el Dr. Daniel Pyo, cirujano plástico de Nueva Jersey y cirujano principal del programa, decidió realizarle ambas operaciones a la vez.

“Será una cirugía maratónica y después le dará un poco de dolor, pero tenemos que hacerlo”, dijo Daniel.

“Podemos reparar su labio, pero si no puede hablar, ¿cómo irá a la escuela?” “Se hace todo lo que se puede por cada paciente que vemos”, explicó Daniel. “Cuando ves a un paciente como Oscar, haces todo lo que puedes y más. Tuvimos que operarle tanto el labio como el paladar. No podíamos dejarlo ir a casa sabiendo que no podrían regresar “.

Mientras Daniel y el equipo médico voluntario se preparaban para una cirugía de cuatro horas, un psicólogo le explicó a Gloria por lo que su hijo estaba a punto de pasar.

El niño superó la revisión médica integral y pudo recibir sus cirugías. Su vida cambió para siempre. Foto: Jasmin Shah.

Mientras Oscar estaba en cirugía, Gloria nunca abandonó la puerta del quirófano. Otros padres encontraban bancos alrededor del patio del hospital o se ocupaban de sus otros hijos, pero Gloria estaba de pie, caminaba y, a veces, se arrodillaba junto a esa misma puerta.

“Mi corazón se agranda al saber que ahora puede someterse a una cirugía y ser un niño normal”, dijo. “Le pedí a Dios que lo curara para que pudiera crecer y ser un buen hombre, poder conseguir trabajo y tener amigos”.

Ya era el atardecer y su hijo seguía en el quirófano. Gloria observó cómo decenas de padres se reunían con sus hijos, sonriendo con incredulidad.

Finalmente, una enfermera salió al pasillo y le indicó que la siguiera. En el interior, vio a Oscar todavía durmiendo en la sala de recuperación.

Tomando su rostro entre sus manos, comenzó a sollozar silenciosamente como si no quisiera despertarlo. Enjugándose las lágrimas, Gloria dijo que nunca antes había sentido tanto amor por extraños.

Nunca pensó que la gente amaría a su pequeño Oscar a pesar de su hendidura facial. “Gracias, gracias”, repitió Gloria. Dijo que nunca había sido tan feliz. Y todo fue posible gracias a la ayuda de generosos donantes como tú.

Oscar se recuperó y volvió a su pueblo junto a su madre.

Si puedes (y en el momento en que puedas), ayúdanos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

La felicidad de Britany

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

La felicidad de Britany

Britany se hamaca en el patio de la misión Operación Sonrisa Honduras. Cada vez que el columpio sube observa el cielo, sonríe. Su madre Cinthia la observa y la ayuda.  

Estoy tan contenta porque ella ha podido vivir una vida normal, no tiene complejos, no tiene problemas y es simplemente una niña feliz”, dice Cinthia.  

Imagino que si ella no hubiera tenido esas cirugías su vida habría sido muy difícil, plena de abusos. Hay mucho abuso en las escuelas contra los niños que no pueden hablar bien por ejemplo. Ella tiene buena dicción y está bien de salud”. 

Cinthia asegura que es una agradecida a Dios y a Operation Smile.  

Todavía impactada por enterarse durante el parto de la condición de Britany, que nació con labio y paladar hendidos, Cinthia intentó que la operaran a los cuatro meses de vida. 

Hasta entonces no había podido amamantarla y vajaba 90 minutos todos los días hasta un hospital para extraerse leche y poder dársela a su hija 

Pero la primera operación no funcionó. El labio volvió a abrirse. 

Fue justo por esa época cuando Cinthia se enteró de que existía Operación Sonrisa Honduras y que allí Britany podría recibir atención de expertos.  

En la misión de Operation Smile en el hospital San Felipe prefirieron darle un descanso a la niña y decidieron operarla cuando cumpliera 10 meses.  

Britany poco antes de su primera cirugía.

Cinthia, su madre, está muy agradecida con Operation Smile.

Toda la familia recibió además apoyo emocional, algo que fue muy importante para complementar el apoyo que recibieron de sus parientes 

Britany tiene ahora 10 años, pasó por la operación de labio adicional y otras cuatro relacionadas con el paladar.  

Tiene dos hermanos pequeños, los mellizos Sambar y Justin. Ella ayuda a su madre aunque a veces se queja medio en broma de que solamente quería un hermano 

Habló con Operation Smile y aseguró que hace su tarea al regresar de la escuela, algo que su madre no está muy segura de que sea cierto. 

Después juego un poco y cuido a mis hermanos. Juegolanda(juego de persecución, ndlr) en la calle con mis amigos”. 

“Voy a la escuela de 6 a 12, siempre voy caminando y puedo ver animales, personas y muchas casas. Nos enseñan ciencias sociales, ciencias naturales y matemáticas. También podemos jugar”. 

Britany está muy agradecida con los cuidados que recibe en Operación Sonrisa Honduras.  

Operación Sonrisa me ayuda muchísimo. Me ayuda a hablar mejor y me están arreglando los dientes”.  

Britany tampoco oculta el orgullo de ser la protagonista de uno de los afiches de la misión en Honduras.  

Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

NUESTRO MÉTODO

Nosotros hemos establecido una presencia global y actualmente proveemos cuidado médico de primera clase para tratar condiciones de hendidura facial, en mas de 30 países con la ayuda de miles de voluntarios que representan más de 60 países. Así es como estamos llevando cirugía segura para alrededor del mundo.

Los mellizos de la esperanza

Lioia con sus hijos Donari y Katherine.  Foto: Jasmin Shah. 

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

Lioia María Varega estaba sentada con su hija, Katherine, en brazos. Esperaba en silencio en la sala de juegos por la cirugía de la niña de un año. Mantenía una sonrisa en su rostro, aunque sus ojos transmitían otra sensación. 

Apenas la atención de Katherine se desvió hacia un juguete, Lioia permitió que algunas lágrimas bajaran por su cara y se las secó con una de sus manos. La niña es su tercer hijo con una hendidura facial.  

Cada vez que Operation Smile realiza una misión médica con la participación de estudiantes voluntarios se establece una sala de juegos. Es una zona un poco diferente a los necesarios ambientes esterilizados que requiere una cirugía.  

Los voluntarios y especialistas aprovechan ese espacio para calmar y distraer a los pacientes por medio de terapia del juego. También se aprovecha para informar a sus familiares sobre la operación. 

Rocío, una psicóloga de Operación Sonrisa Honduras, en cuclillas junto a Lioia le explicó que “no había nada de qué preocuparse. Ella tendrá la mejor asistencia. No te preocupes”. La consoló con una sonrisa y una mano sobre uno de sus hombros.  

 

Un momento de madre e hija durante la espera para una revisión médica integral. Foto: Jasmin Shah. 

Lioia y su esposo Jorge acercaron a sus mellizos a una misión médica de Operation Smile en Tegucigalpa, Honduras. Su hijo Donari nació con una hendidura de labio unilateral y su hija con hendidura bilateral y también de paladar. Donari ya había pasado por la cirugía y se había reencontrado con su pelota de fútbol favorita al tiempo que su hermana Katherine era alistada para la operación.  

Rocío enseñó a Lioia y otros padres una carpeta con fotos que explican paso a paso cómo se realizan las cirugías. La presentación finalizó con varias páginas de fotos de niños operados, cuya vida había cambiado gracias al apoyo de los donantes que permiten el trabajo de Operation Smile 

Aunque Lioia escuchó con atención, ella ya conocía el proceso. Tienen un hijo mayor que recibió cirugía por su labio hendido a los ocho meses de edad en una misión anterior de Operation Smile 

Por más que ya lo había vivido todo, nada podía aliviar su preocupación según explicó. 

Donari nunca se separó de la pelota que recibió en la sala de juegos. Foto: Jasmin Shah. 

“Estoy contenta, emocionada, pero nerviosa”, dijo. “Sé que estará bien, pero igualmente tengo miedo por ella”.  

Su hijo mayor está muy bien y casi no le han quedado cicatrices de su operación. 

“Cuando nacieron Katherine y Donari estaba asustada, pero no tanto como lo estuve con mi hijo mayor”, explicó. “Esta vez sabemos qué hacer. Tenemos esperanza. Sabemos que Operation Smile puede ayudarnos otra vez”. 

Y la esperanza es poderosa. La familia caminó durante dos horas y luego tomaron un autobús durante cuatro horas más para llegar a la misión de Operación Sonrisa Honduras. El mismo recorrido que habían hecho seis años antes con su hijo mayor. Lioia dijo que enfrentaría cualquier distancia para conseguir ayuda para los suyos. 

“Existe una solución para mis hijos. Operation Smile brinda esa solución. No tenemos dinero para ir a una clínica privada por ayuda”, dijo. “Me siento feliz por Operation Smile. Gracias, gracias por ayudar a todos mis hijos”. 

El cambio en la vida de Yitci

Yitci a los tres años, antes de su operación. Foto: Operation Smile. 

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

Yitci llamó la atención día de las revisiones médicas integrales durante una misión de Operation Smile en Tegucigalpa, Honduras en 2013.

A los tres años no estaba muy al tanto del esfuerzo de sus padres para que pudiera recibir la ayuda necesaria y repararle su labio hendido. A poco de nacer le buscaron apoyo sin éxito, les dijeron que era muy pequeña para cualquier tratamiento 

El padre de Yitci, Franciscomantenía a una familia de cinco personas gracias al cultivo de frijoles y maíz en un campo ubicado a una hora de caminata desde el hogar. Todo lo hacía por alrededor de 60 lempiras por día, unos tres dólares en ese momento. 

Pero como el trabajo no es siempre estable por distintos motivos, Francisco pidió un préstamos de 500 lempiras (unos 25 dólares) para que Yitci y su madre Rosibel pudieran subirse a un autobús en Ojojona y viajar durante dos horas y media a Tegucigalpa. 

El traslado fue la primera oportunidad que tuvieron para poder asistir a Yitci en tres años y no faltaron la ansiedad y los nervios cuando esperaban para saber si su hija había sido seleccionada para una cirugía que le cambiaría la vida 

Yitci tres años después de su operación. Foto: Carlos Rueda. 

Operation Smile se mantiene firme en su compromiso de acercar la posibilidad de una cirugía segura y asistencia a sus pacientesCientos de niños llegan a cada misión médicapero no todos superan la evaluación médica integral en la cual se establecen sus condiciones para enfrentar una operación. A muchos se les pide que regresen en otra oportunidad. 

Yitci fue uno de los 130 niños que fueron operados durante la misión y su madre Rosibel no podía contener sus lágrimas. Dijo que lo que más quería para su hija es una vida feliz 

Operation Smile se reecontró con Yitci en 2017, para entonces con siete años y con una hermosa sonrisalograda gracias al apoyo constante de nuestros donantes. 

Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza.