El relato de la narradora

Alison durante una misión de seguimiento en 2013. Abraza a Jheleen (derecha) y Andrea. Foto: Operation Smile. 

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

Se puede afirmar casi seguramente que Alison Smyth estuvo involucrada en cada una de las historias de pacientes que se pueden leer en nuestra página o en nuestras redes sociales 

A través de su trabajo voluntario como subgerenta de producción, Alison ha participado en 110 misiones internacionales de Operation Smile: 75 misiones médicas, 32 de seguimiento y en tres realizaciones audiovisuales. 

Su primer contacto con Operation Smile fue en 1999 cuando vivía en Lima, Perú, y se ofreció como traductora voluntaria en una misión médica.  

“Como tantos otros voluntarios, quedé atrapada desde el comienzo”, recordó. 

Con el paso de los años su papel en la organización cambió hasta transformarse en una parte fundamental en la divulgación de nuestro trabajo a través de innumerables historias de los pacientes y sus familias. 

El contacto directo con los pacientes y ver cómo una cirugía cambia sus vidas le ha permitido a Alison ser testigo privilegiado del impacto de Operation Smile en todo el mundo. Aunque su tarea es entrevistar pacientes y a sus familias, su trabajo tiene un alcance mucho mayor.  

Alison y la familia de Jan en 2012, un paciente que recibió cirugía en Filipinas. Foto: Marc Ascher.

Las familias la reciben en sus hogares y la tratan como a una amiga en la que pueden confiar.  

Llegar a una familia puede implicar un viaje de 15 horas en auto, o largas caminatas a través de campos de cultivo. Sin importar cuán largo sea el trayecto, Alison asegura que vale la pena cada kilómetro para ver la alegría en los rostros de las personas a las que les hemos cambiado la vida.  

“En mi trabajo he visto tantas situaciones en que un niño, su familia, sus hermanos, son rechazados, molestados y condenados al ostracismo en sus comunidades”, explicó. “Madres que, antes de la cirugía, no se atreven a salir con sus hijos para evitar las preguntas, la culpa y las molestias”.  

“Después de la cirugía, muchas madres dicen que el principal cambio en sus vidas es que pueden salir con su niña o niño y que son como cualquier otro”. 

Estamos agradecidos por la compasión y devoción de Alison, porque somos testigos de las historias que nos permitió conocer.  

“Simplemente amo mi trabajo”, dijo. “Soy afortunada de poder ser voluntaria a tiempo completo. ¿Qué es lo que me inspira? Las familias; contar sus historias y divulgar el trabajo de Operation Smile”.  

Entrevistamos a Alison para conocer más sobre su trabajo a lo largo de estos años y para que nos relate las historias que significaron más para ella.  

Sarban, de siete años, camina junto a Alison en su pueblo durante una visita postoperatoria en 2012. Foto: Jasmin Shah.

Pregunta: ¿Cuál es tu parte preferida del trabajo con Operation Smile?  

Respuesta: Estar en el terreno, estar en contacto y aprender de las vidas de las familias, sobre la esperanza y los temores que tienen respecto a sus niños. Los días de misión, esperar por la cirugía y luego la recuperación son momentos llenos de ansiedad para las familias, e incluso si están felices tras la operación, todavía se preocupan por la recuperación, por los cuidados en todo ese proceso. Probablemente mi aspecto favorito es cuando regreso al país seis meses o un año después y me reencuentro con las familias, sus bebés, niños, adultos y veo cómo la cirugía les restauró la dignidad y me cuentan sobre la esperanza que tienen en el futuro de sus hijos.  

P: Has sido voluntaria de Operation Smile por 20 años. ¿Qué es lo que te inspira a seguir haciéndolo a tiempo completo? 

R: Con el paso de los años pude ver cómo nuestras fundaciones locales lograron, por medio de su trabajo y educación, reducir el estigma de vivir con una hendidura facial. Que las madres me digan que se enteran de Operation Smile en el momento del parto o incluso antes, cuando les realizan el ultrasonido, es un gran paso adelante. Que una madre sepa que hay una solución es algo que le cambia la vida.  

Las madres que se acercan a las fundaciones dicen que la experiencia es muy positiva porque allí se encuentran con otras y pueden compartir experiencias. Muchas dicen que el centro de asistencia es su segunda familia. Saber que de alguna pequeña forma puedo ser parte de un equipo que es clave para lograr una diferencia es lo que me motiva a continuar viajando muchas, muchas semanas por año. 

Alison con Bismata, de ocho meses, un día después de su operación durante una misión médica en India en 2012. Foto: Jasmin Shah.

P: ¿Qué es lo que más te sorprende de los pacientes con los que te has encontrado en tus viajes?  

R: No estoy segura si es algo sorprendente, pero es la confianza que las familias depositan en los equipos de Operation Smile. Es algo aleccionador. Confían sus hijos a completos desconocidos. Los es también el hecho de que casi nunca se quejan por las horas de espera o del hecho de que su hijo debe esperar a la próxima oportunidad. 

P: ¿Hay algún paciente o familia que sean los que más recuerdas en tu tiempo con Operation Smile? ¿Por qué? 

R: ¡Tantas historias! El hombre de 56 años de Ghana que recién se enteró cuando tenía 55 de que había una cirugía para su hendidura facial. Cuando le fue confirmado que sería operado telefoneó a su esposa y le pidió que preparara dos pollos y comprara Fanta para celebrar a su regreso. Dos hermanas en las Filipinas; cuando le pregunté a su madre cuál fue el momento más especial del día además de la cirugía me respondió que fue el escuchar a sus hijas decir ‘Mamá’ correctamente por primera vez. En muchos casos el aspecto más poderoso es que una simple cirugía puede restaurar la dignidad a un niño, a un paciente, a una familia y, en algunos casos, hasta una comunidad.  

Una de las respuestas que más recuerdo fue la de Qi Xiu, de 66 años, cuando le pregunté qué era lo que más ansiaba hacer después de la cirugía. Me respondió: ‘Llevar a mis nietos a la escuela y que nadie se ría de mi”. 

Cuando me reencontré con ella un año después me dijo: ‘me encanta mi sonrisa, ya nadie se ríe de mi’.  

Si puede (y en el momento en que pueda), ayúdenos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza.  

Alison se reencuentra con Qi Xiu, 66 años, en China un año después de que fuera operada en una misión médica. Foto: Zute Lightfoot.