Una sonrisa para siempre

Seguimos cumpliendo nuestra promesa de promover la salud y la dignidad durante la pandemia de COVID-19. Estamos ayudando a los trabajadores de la salud de primera línea a mantenerse a salvo, bien alimentados y empoderados para atender mejor a sus pacientes mediante la entrega de suministros y equipamientos vitales y la realización de capacitaciones a distancia para fortalecer su respuesta. También brindamos asistencia nutricional, botiquines de higiene y servicios sanitarios virtuales para ayudar a las personas a satisfacer sus necesidades sanitarias y prosperar. Si puedes (y en el momento en que puedas), ayúdanos a cumplir nuestra promesa de cuidar a los niños y generar esperanza. 

Mina tenía 10 años y no había tenido oportunidad de una cirugía. Foto: Margherita Mirabella.

A la madre y al padre de Mina le dijeron que la condición de hendidura facial de la bebé se debía a un acto de brujería.

Aunque su padre, Jangiya, y su madre, Zayinabu, no creían en esas supersticiones, que son comunes en algunos países como Malaui, todavía no estaban seguros de qué había causado el labio hendido de Mina. Y menos sabían cómo ayudarían a su hija.

Jangiya y Zayinabu prometieron hacer todo lo posible para darle a su hija la vida feliz y plena que sabían que se merecía, pero muchas de sus preguntas quedaron sin respuesta.

No fue hasta que Mina cumplió 10 años que su sueño de una nueva sonrisa se hizo realidad. Pero el desafiante viaje de una década tuvo muchos obstáculos imprevistos en el camino.

La hendidura facial de Mina generó complicaciones con la lactancia, lo que hizo que recibir una nutrición adecuada fuera casi imposible.

La dificultad para alimentarse es común en los niños que nacen con labio y/o paladar hendido y puede conducir a la desnutrición. Incluso hay algunos casos, especialmente cuando se trata de paladar hendido, en los que los niños pueden morir si no reciben una intervención médica oportuna.

Viajó casi 200 kilómetros junto a su padre para llegar a un programa quirúrgico de Operation Smile Malaui. Foto: Margherita Mirabella.

Con determinación inquebrantable, Zayinabu buscó ayuda para Mina porque temía que su hija no sobreviviera. Una vez que encontró la fórmula correcta y aprendió las técnicas adecuadas de alimentación con biberón, observó con asombro cómo la bebé comenzaba a prosperar.

Al crecer, su hija siempre trató de encontrar formas de expresar alegría en todo e inspirar a otros. El amor que difundió fue correspondido por las personas de su comunidad que la amaban y la aceptaban. Mina no estaba sujeta a la intimidación y el ridículo que experimentan muchos que nacen con hendidura facial.

Sus padres se enteraron de que su condición podía repararse mediante cirugía, pero la felicidad fue fugaz.

Los médicos informaron a la familia que no había un cirujano en Malaui que pudiera realizar ese tipo de cirugía. Su decepción creció después de que les dijeron que tendrían que viajar a otro país si tenían alguna esperanza de encontrar una manera de ayudar a Mina.

A Jangiya y Zayinabu les preocupaba que la solución que habían buscado durante años quedara fuera de su alcance. Entonces, un día, sus esperanzas se hicieron realidad.

Su padre observa en tanto el equipo de voluntarias realiza una parte la evaluación integral de Mina antes de su cirugía. Foto: Margherita Mirabella.

Descubrieron que Operation Smile Malaui contaba con un equipo de voluntarios médicos que podían realizar el procedimiento sin costo alguno y sin necesidad de que la familia abandonara el país.

Después de 10 años de búsqueda, habían encontrado la manera de cambiarlo todo. Pero había un obstáculo más en su camino. Necesitaban llegar a Lilongüe, la capital del país.

Mina y su padre comenzaron su largo viaje hacia el sitio del programa quirúrgico. Después de andar en bicicleta durante una hora y viajar siete horas y media en autobús, llegaron a tiempo para la revisión médica.

Mina, agotada por el viaje, tenía sus dudas sobre el tratamiento. No creía, como dijo, que sería “curada para siempre”.

Voluntarios médicos realizaron una evaluación integral para confirmar que ella estaba lo suficientemente sana como para someterse a la anestesia. En cada programa de Operation Smile, la seguridad del paciente es la mayor prioridad.

Para garantizar que reciban atención médica de la más alta calidad, cada paciente es evaluado por pediatras, cirujanos, nutricionistas y más para detectar posibles problemas de salud que podrían ponerlos en riesgo durante el procedimiento.

Su padre sintió una alegría y un alivio abrumadores después de escuchar que su hija tenía una cirugía agendada.

Una operación que puede durar tan solo 45 minutos realmente cambió la vida de Mina para siempre, devolviéndole la esperanza y la promesa de un futuro mejor.

Ella tiene ahora una vida más plena y feliz. Le encanta ir a la escuela y aspira a convertirse en maestra algún día.

Un año después de su operación, Mina sonríe junto a su padre. Foto: Margherita Mirabella.