Enok, y su camino hacia una vida de amor.

La realidad de Enok ahora solo vive en su recuerdo, sin embargo, está realidad estaba llena   de burlas, mofas, señalamiento de grupos de niños y las miradas de asco de la gente al ver su labio hendido.

Mientras que sus recuerdos nos traen a la mente las historias de miles de pacientes de  Operation Smile,  en su mayoría niños, Enok desafortunadamente ya había soportado toda una vida de sufrimiento cuando se operó a sus 25 años.

Enok, quien padecía de un labio hendido bilateral grave, finalmente se armó de valor para buscar ayuda durante una misión médica de  Operation Smile en Ruanda en el año 2013.

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Incluso entonces, Enok estaba reacio a operarse.

Fue en una visita a su pueblo cuando los voluntarios de  Operation Smile lo convencieron y le mostraron que esa era su oportunidad de tener un mejor futuro.

“Si no hubieran estado aquí para convencerme, hoy no sería capaz de entrar  a un bar y sentarme con otras personas y  tomar un trago”, dijo Enok. “Ahora puedo entrar a cualquier sitio y ahora la gente incluso se sienta a tomarse un trago conmigo”.

Desde que se operó, la vida de Enok cambió irreversiblemente.

Aunque a simple vista sus cicatrices quirúrgicas son casi invisibles, sus cicatrices emocionales siguen curándose mientras este hombre de voz suave recuerda las luchas a las que se enfrentaba antes en su día a día.

“Cuando salgo del trabajo camino hasta mi casa, y antes de la operación, tomaba todo tipo de desvíos y me colaba por los jardines y granjas de las personas para que nadie me viera”, explica Enok mientras camina entre exuberantes paisajes verdes de camino a casa desde la panadería en la que trabaja. “Cuando los niños me veían salían corriendo o me perseguían y me gritaban cosas horribles”.

Es difícil creer que los paseos de la vergüenza de Enok hayan ocurrido, porque hoy camina con confianza y se detiene a menudo para saludar a algún amigo o para hablar de las noticias recientes y  compartir chismes con algún vecino.

La gente lo llamaba por su apodo si lo veían caminando, y cuando gritaban “Bibi”, no era difícil detectar notas de afecto y orgullo en el tono de voz.

“Incluso los niños pequeños se asustaban cuando me veían”, dijo Enok. “Pero hoy en día, soy una persona normal en la comunidad. Me topo con gente y me hablan como si hubiera estado ahí todo el tiempo”.

Cuando Enok mencionó lo de “haber estado ahí todo el tiempo”, se refería a que, antes de la operación, era cruelmente excluido y le hacían sentir como si no existiera.

En su hogar, su madre estaba presente, siempre protectora de su séptimo hijo, y confirmaba esta miseria.

“Cuando iba a algún sitio con Enok, incluso los niños pequeños salían corriendo porque pensaban que los iba a morder”, cuenta la madre de Enok. “Yo no perdía la esperanza y  oraba  para que Dios lo ayudara. Cuando ocurrió, di gracias a Dios porque fue una respuesta a mis sueños. Todo salió perfecto y él es una persona nueva, como él dice”.

Desde su operación, Enok también ha disfrutado de una experiencia más satisfactoria trabajando en la panadería.

“He recuperado el respeto de mi comunidad, incluyendo el de mi jefe y mis compañeros, porque antes no me tomaban en cuenta y trabajaba aislado de los demás”, dijo Enok.

Hay un ambiente de confianza en torno al panadero, y junto a su madre, se ha convertido en un defensor del trabajo de  Operation Smile en Ruanda.

Incluso han llegado a localizar a una vecina y amiga, Verónica, que tiene el labio hendido, y la han animado a operarse.

“Por ahora está asustada, pero estamos tratando de convencerla”, dijo Enok. “Por las cosas buenas que me han pasado y me han convertido en una persona nueva, si conozco a alguien con el mismo problema, le aconsejaría que fuera al médico y averiguara si hay alguna posibilidad de operarse”.

Hoy en día, el hombre que antes se colaba por los jardines de la gente para evitar las miradas de sus vecinos camina con confianza y se siente ansioso por mostrarle a su comunidad el tipo de persona que siempre ha sido.

“Antes, todo el mundo me tenía miedo. No podía pararme a hablar con ninguna chica, pero ahora puedo encontrar a una chica al costado de la calle y pararme a hablar con ella por un rato”, explica Enok con una sonrisa en la cara.

Hoy, siete años después de su operación, Enok  tiene una nueva y hermosa vida. Se ha enamorado y ha formado su propia familia.

Hoy, Enok recorre un camino prometedor, un camino lleno de inclusión y amor.